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Esta vez no apareció el gol milagroso de Abdón Prats. Ni la peinada de Muriqi. Ni el toque magistral de Kang. En esta ocasión, el Mallorca mostró una preocupante capacidad de reacción cuando Osasuna le tumbó a la lona en el arranque del segundo acto -en una falta de atención de Baba- y sobre todo una alarmante falta de ideas en la sala de máquinas. Moi Gómez hizo lo que quiso con el balón ante la mirada perdida de la pareja Grenier-Baba, que se pasaron el partido persiguiendo la sombra del pivote alicantino. Galarreta es un jugador capital para este grupo. Oxigena, reparte las cartas con criterio y aporta su físico al servicio del colectivo.

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Sin el medio eibarrés y con el francés lejos de su mejor estado físico, el Mallorca naufragó a la hora de enlazar con el ataque. Porque Aguirre apostó por todo su arsenal ofensivo (metió a Abdón, Amath, Ángel...) y rectificó su línea de 5 para fijar cuatro atrás, pero ese plan B se quedó a medias y apenas pudo arañar a su enemigo. Un disparo lejano de Baba que lamió el poste fue la única nota del Mallorca en el cuaderno de bitácora de un duelo que pudo acabar en empate como ante el Valladolid hace siete días. Esta vez, en cambio, la moneda salió cruz... Pablo Ortells tiene varios meses por delante para encontrar al sustituto ideal de Galarreta. Tiene que ser una prioridad.