El cineasta madrileño, criado en Mallorca, Miguel Eek posó para este diario en Palma. | Jaume Morey

TW
1

«La forma de abrazarnos que tenemos los hombres es darnos golpes en la espalda, pero un hombre no deja de ser un ser humano, un animal que necesita cobijo, ser abrazado». Lo explica el documentalista Miguel Eek, autor de obras como La primera mujer que en su más reciente proyecto redirige su mirada hacia un tema tan personal como tabú: otra forma de ser hombre. Lo relata en La carga, filme financiado por Filmin desde su inicio y que se estrena en el FIDBA (Festival Internacional de Documentales de Buenos Aires) en octubre.

Todo arrancó hace tres años, según relata el propio cineasta, cuando conoció a un grupo de terapia que se centraba más en lo corpóreo para «explorar la masculinidad», algo con lo que conectó «rápidamente» ya que el propio Eek siempre ha «sentido no encajar en el patrón de hombre heterosexual español en el que he crecido donde las emociones son apagadas, retenidas y secuestradas».

Experiencia

Cuando surgió la opción y lograron el visto bueno de los participantes, 13 en total, Eek y un pequeño equipo de rodaje se desplazaron para grabar durante cuatro días las experiencias de estos hombres que consistían en «abrirse en canal» y bucear «en cómo somos hijos de nuestros padres y cómo esto plantea nuestra relación con la masculinidad». Fue vital, según explica el documentalista, haber pasado por la experiencia previamente para saber los momentos y dinámicas idóneas para el rodaje y también lograr la confianza de los nuevos participantes.

Los trece protagonistas conviven durante varios días en un retiro terapéutico donde las dinámicas corporales tienen mucho peso.

Según detalla Eek, la película tiene «un punto oscuro» con «mucha intimidad» en «hombres muy heridos y que exploran esas heridas». El resultado «va a incomodar» e «impacta a quien lo ha visto por ver a hombres desgarrados, algo a lo que no estamos acostumbrados», pero también da «algo de necesario» a La carga.

Uno de los detalles que la cinta explora es la necesidad de «espacios y personas con los que los hombres pueden exorcizar traumas porque hay heridas que solo son sanadas entre nosotros», una circunstancia que retrotrae a la idea de «manada» entendida como pertenencia al grupo.

A su vez, otro patrón común entre los protagonistas es la «rabia contenida» y la «coraza» «impuesta social y culturalmente» tras la cual muchos se escudan. Algo que se refleja en la «necesidad de hallar espacios seguros donde extraer esa rabia, sin violencia, y de descorazarnos», una realidad que «resonaba en nosotros al rodar».

Las historias de los protagonistas son desgarradoras en algunos casos, desde el duelo en diferido por la muerte prematura del padre hasta el abuso sexual, pero más allá de la experiencia personal el director asegura verse reflejado en todos los casos: «Es la primera vez que tengo un impacto emocional tan fuerte. Viendo el material lloré mucho».

Y a pesar de lo dramático, rompedor e incómodo que será para muchos, para Eek también se trata de «algo luminoso para muchos hombres que sientan la necesidad de ser de otra forma y han crecido en un contexto que no se lo ha permitido». Hombres como él mismo, quien «pensaba tener muchas cosas colocadas y me di cuenta de que me queda mucho por autodescubrir».

También considera que tendrá valor el filme para ayudar a que las mujeres «puedan ver otra cara de nosotros ya que llevan siglos explorando distintas formas de ser mujer, y nosotros estamos en un momento muy precoz de esa exploración». A su vez, aunque no la considera militante, no niega Eek que la cinta tiene trasfondo político «porque todo lo tiene», pero sí pretende «generar debate» y le «interesa expandir lo que significa ser hombre» porque «debemos plantearnos qué somos y qué rol queremos tener».

El filme aspira a poder verse en la Isla en el próximo Atlàntida, algo lógico al contar con el férreo apoyo de Filmin y la colaboración de IB3, además de TV3, y el apoyo del IEB, Consell de Mallorca e ICIB. De hecho, Jaume Ripoll, cofundador deFilmin y director del Atlàntida Film Festival, ha querido destacar el «riesgo, complejidad y mirada de gran obra» que tiene La carga, un filme que «servirá para que Eek, que ya es uno de los documentalistas más sólidos del panorama nacional, siga escalando».