Los ciudadanos están divididos sobre el proceso judicial.

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AGENCIAS - WASHINGTON Acorralado por una discutida sentencia judicial, el demócrata Albert Gore puso ayer fin a su larga lucha de cinco semanas en busca de lo que, desde pequeño, ha sido el sueño de su vida: la Presidencia de Estados Unidos. Tras 36 días de pleitos e incertidumbre, Gore tenía previsto anunciar ayer noche, a las tres de la madrugada hora española, a la nación que arroja la toalla, con lo que permitirá que el republicano George W.Bush sea el cuadragésimo tercer presidente de Estados Unidos al quedarse sin argumentos judiciales que apoyen su petición de realizar un nuevo recuento de votos en Florida.

Es el fin de una larga batalla ante los tribunales que ha puesto en tela de juicio el sistema electoral estadounidense, pero no necesariamente la carrera política de Gore, que, al igual que Richard Nixon, podría buscar la revancha en el futuro.

El Tribunal Supremo de Estados Unidos envió a la Corte Suprema de Florida un «dardo envenenado» al devolverle el «caso Gore-Bush» con poco margen de maniobra y amplias amonestaciones. Los siete jueces del Tribunal Supremo de Florida, seis de ellos demócratas, trataban ayer de digerir en Tallahasse la amonestación que le envió la noche del martes el máximo tribunal del país, controlado por magistrados conservadores nombrados por presidentes republicanos. Además de descalificarles y acusarles de actuar inconstitucionalmente, el Tribunal Supremo de EE UU devuelve a los jueces de Florida la «patata caliente» para que «la sigan considerando», pero con tantas limitaciones que el perdedor claro es ya el candidato presidencial Al Gore, que se dispuso a admitir su derrota.

El Tribunal Supremo de Estados Unidos, ha declarado inconstitucional el recuento manual de Florida y recuerda a los jueces que no existe tiempo para más recuentos, ya que el próximo día 18 de diciembre se reúne la junta que debe elegir al nuevo presidente.