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El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, elevó hoy aun más sus amenazas al ordenar tener preparados sus misiles para atacar en «cualquier momento» intereses de EEUU y Corea del Sur, donde han alertado de movimientos inusuales en las bases norcoreanas.

«Ha llegado el momento de ajustar cuentas» con EEUU, informó hoy el régimen norcoreano a través de un comunicado emitido por la agencia estatal del hermético régimen comunista.

El ultimátum dado por Pyongyang responde al anuncio de Washington de realizar, en la víspera, maniobras militares en la vecina Corea del Sur con dos unidades de bombarderos B-2 Spirit, un avión de última tecnología capaz de evadir las defensas antiaéreas y descargar bombas convencionales y nucleares.

La demostración de poder bélico de EEUU motivó una reunión de urgencia en la madrugada de la plana mayor del poderoso Ejército norcoreano, que se cree cuenta con más de un millón de efectivos, presidida por el joven Kim, un líder imprevisible a la cabeza de un país con capacidad nuclear.

Tras la reunión, el régimen consideró la acción de EEUU como una «violación a su soberanía» y una «peligrosa provocación», mientras que el líder firmó la orden para preparar «misiles estratégicos dispuestos para atacar en cualquier momento territorio estadounidense», y sus intereses militares en el Pacífico y el Sur.

En este sentido, Kim instó a que el Ejército esté preparado para «reaccionar ante el chantaje nuclear de EEUU con una ataque atómico sin piedad y una guerra sin cuartel».

«La decisión importante tomada por el Mariscal», en medio de la grave situación en la península coreana, «al borde de una guerra nuclear», marcará un «punto de inflexión» y pondrá fin al histórico enfrentamiento con EEUU, concluyó el despacho del régimen.

En apoyo a sus palabras, miles de norcoreanos uniformados respondieron al llamamiento de su líder abarrotando la inmensa plaza Kim Il-sung, fundador del país, perfectamente alineados.

Tras el anuncio norcoreano, Seúl detectó movimientos de tropas y vehículos en las bases militares de misiles del régimen, incluida la de Tongchang-ri, al noroeste del país y que sirvió para su último lanzamiento de un cohete de largo alcance, según fuentes militares consultadas por la agencia Yonhap.

Al margen de por tierra, el Ejército surcoreano detectó hoy un caza norcoreano Mig-21 sobrevolando la delicada zona fronteriza entre los dos países, en una acción «provocadora» que hizo despegar a los aviones de combate KF-16 surcoreanos.

Según analistas, el incrementado de su habitual retórica belicista y sus amenazas puede deberse a una estrategia con la que intenta retomar la negociación con el exterior, mientras aumenta su aislamiento, además de ser un intento de reafirmar el control interno del país.

Este nivel de «intimidación» de Pyongyang, que según los expertos presenta un escenario complicado de predecir, produjo también la reacción del departamento de Defensa estadounidense, que ha pedido «tomar en serio» la escalada de la tensión y prepararse para asegurar la defensa del país y sus aliados.

«Las acciones provocativas y el tono beligerante han aumentado el peligro», anunció el secretario de Defensa de EEUU, Chuck Hagel, que negó que el despliegue de los bombarderos B-2 sea hostil y defendió la decisión de mediados de este mes de aumentar las defensas antimisiles en la región ante la amenaza norcoreana.

Las nuevas amenazas se producen después de que esta misma semana Corea del Norte anunciara la suspensión de la única línea de comunicación que mantenía con Corea del Sur, antes de instar a sus unidades a situarse en «posición de combate», máximo grado de alerta militar en el país comunista.

La tensión en la península se disparó de manera inusual el pasado 7 de marzo, cuando el Consejo de Seguridad de la ONU anunció nuevas sanciones al régimen tras su tercera prueba nuclear, realizada el pasado febrero.

En dichas sanciones, China, principal aliado de Corea del Norte, respaldó y apoyó la penalización contra Pyongyang, una maniobra que según los analistas ha profundizado el aislamiento y la incapacidad para poder anticipar su inesperada respuesta.