Aprender en la cárcel
La Escuela del Centro Penitenciario de Palma para personas adultas consta de siete aulas, más otra para tres grupos en el Módulo 11, llamado también el módulo del respeto. 598 internos asisten a clase en turnos de mañana y tarde. En el centro imparten clase 18 profesores.
La enseñanza abarca desde el nivel cero hasta la obtención del título de Graduado en Educación Secundaria, «que es el título mínimo que establece nuestro sistema de educación –nos dice la directora del centro–, gracias al cual se puede ir a trabajar. Damos también clases de inglés y catalán, y español para los extranjeros».
Diremos que la asistencia es casi total, y que el silencio y el orden imperan a lo largo de la jornada escolar, tan solo interrumpida por los minutos que se destinan al recreo, donde coinciden la mayoría de reclusos que asisten a las clases.
Para el buen funcionamiento del centro existen una normas, diez en concreto, que deben ser respetadas por todos, y que tienen que ver con el respeto de los profesores hacia los alumnos y viceversa; corrección a la hora de vestir (no están permitidas las gorras, bañadores, gafas de sol, camisetas de tirantes, etc); se asistirá a clase en debidas condiciones físicas e higiénicas: si estás colocado y/o no te has duchad, no vengas; no se permitirán acaloradas discusiones, ni hablar ni dar voces a través de las ventanas; al lavabo se podrá ir sólo antes y al final de la actividad o en el tiempo de patio; no está permitido fumar ni beber en el aula y se tendrán que justificar las ausencias. de lo contrario, a la tercera causará baja.
Para los profesores, la asistencia a clase es un aliciente para los alumnos, pues aparte de aprender y seguir unas normas de conducta, a través de los profesores están más en contacto con el exterior, están distraídos (el peor enemigo del preso es la ociosidad) y sobre todo, aprenden a superarse, ya que cualquier avance, por pequeño que sea, tiene mucho valor, sobre todo para ellos.
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