El catedrático condenado, en primer término de la imagen. | P. Pellicer

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Un año de cárcel por acoso para el catedrático de Filosofía de la Universitat de les Illes Balears (UIB) Miguel Antonio Beltrán. La jueza considera demostrado que durante más de un año acosó a una compañera de departamento a raíz de una serie de choques por las asignaturas que se impartían en el departamento. La misma sentencia absuelve al otro profesor acusado, Andrés Luis Jaume, al entender que no existe prueba de que fuera la persona que envió correos electrónicos amenazantes y que realizara llamadas de teléfono a la misma compañera.

Respecto a Beltrán, la sentencia sí entiende demostrado que, tras gritar a la víctima en una reunión, inició una campaña de acoso para la que empleó a su pareja sentimental, que le acompañaba como ayudante para distintas funciones en la UIB. La víctima relató en el juicio cómo esta persona la seguía cuando salía de su despacho y de la facultad, y que la insultó en varias ocasiones.

La magistrada descarta en el razonamiento de la sentencia que lo ocurrido fuera acoso laboral y lo enmarca en otro tipo delictivo. Entiende que no existía una relación de jerarquía entre el catedrático y la víctima y que, por lo tanto, se trata de una situación personal y no laboral. De esta manera, fija la condena en un año de cárcel y no los dos que reclamaban tanto la Fiscalía como la acusación particular. Además, ese argumento de que el delito no se produjo en el ámbito laboral lleva a la absolución de la Universitat, presente en la causa como responsable civil subsidiario.

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Durante el juicio, el catedrático negó cualquier situación de acoso y afirmó que fue él quien ha sufrido encontronazos con varios compañeros en la UIB. La sentencia puede ser recurrida ante la Audiencia Provincial.

El juicio reveló los serios conflictos personales en la Facultad de Filosofía que llevó a un informe de prevención de riesgos laborales que alertaba de la situación y a raíz del que los despachos de los profesores tuvieran que ser alejados para evitar encontronazos.

Llamadas y correos electrónicos

La causa arrancó con la denuncia de una profesora del departamento de Filosofía que, durante más de tres años, señaló que sufrió una situación de acoso en su trabajo, que le llevó a tener que afrontar varios periodos de baja. La víctima lo relacionaba con disputas laborales.