Diversión en un catamarán durante una jornada veraniega. |

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El turismo náutico no ha tenido hasta hace apenas tres o cuatro años el desarrollo que cabría esperar de un lugar como Mallorca. Uno de los primeros que se dio cuenta de este potencial fue Miguel Sastre, que fundó la empresa Cruesa en 1979. Hoy, su hija Cristina es la cabeza visible del negocio familiar. «Contamos con 17 embarcaciones, de las que 12 son veleros y 5 catamaranes, aunque este último segmento es el que está pegando más fuerte por su comodidad», explica Sastre en el pantalán de Cruesa, casi vacío, lo que demuestra que la práctica totalidad de sus barcos están en el mar. «En temporada alta un velero de 12 metros con tres camarotes dobles y dos baños puede costar unos 3.000 euros, 500 euros por persona. El catamarán se puede ir a los 8.000 pero también cabe más gente, entre 8 y 10 personas». Cristina añade que la inmensa mayoría viene con su tripulación. «Si se necesita un capitán, su precio es de unos 200 euros al día más manutención. La ruta más habitual es Palma-Andratx-Ibiza-Formetera-Palma, aunque también hay muchos que recorren Mallorca».

Esta empresaria se queja de que el turismo náutico sea el «patito feo del sector náutico. Pagamos un IVA del 21 %, estamos dentro del sector transporte, no del turístico, aunque por primera vez se nos ha incluido en el paquete de ayudas». Al estar al aire libre y con un grupo reducido de personas, en la mayoría de los casos convenientes o del círculo cercano, se considera que es una de las formas más seguras de pasar las vacaciones desde el Covid.

Hace más 20 años que Luca Monzani alquila una embarcación. «He estado en todas las islas de Baleares. Si somos pocos suelo alquilar un velero y si somos más, catamarán Mi mes favorito es julio». Monzani también ha sido propietario de embarcaciones. «He sido feliz comprándolas y no tan feliz vendiéndolas, con lo que en mi caso no se cumple el famoso dicho de que el propietario de un barco tiene dos días felices: cuando lo compra y cuando lo vende».

Toni Piña también es un asiduo de este tipo de vacaciones. «Comencé hace 14 años y para mí la mejor época para navegar es en invierno. Tenemos muchos días con una mar increíble en Mallorca; la predicción meteorológica es más previsible fuera del verano y estás solo en el mar. Lo único que cambia es el chapuzón, que te lo tienes que dar con un mono de neopreno».