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Aurora Picornell Femeníes ha vuelto a ser mancillada. Solo que los muertos hablan, incluso recuerdan a algunos personajes, supuestamente vivos, que están en la trona del poder por la fragilidad del mismo. Por dos veces, la mujer, la comunista, hecha presa por los fascistas, torturada y asesinada, en la incivil, ha sido rasgada. Balears ya no solo es asunto de máxima actualidad por su turisteo, volvemos a colar portadas por el gesto feroz de Le Senne, al que le hierve la sangre cuando ve cualquier atisbo de rojerío, aunque sea en papel. Pero no te subas a la parra, Gabriel, aún no has alcanzado cotas internacionales. Solo los medios nacionales se hacen eco de tu mano alzada cayendo de nuevo como una guillotina sobre la cabeza de la roja del Molinar.

Si en el parlamento de cualquier estado federado alemán su máximo representante hubiera rasgado la fotografía de una víctima del nazismo y posteriormente hubiera expulsado a los políticos de la mesa que la mostraban, estaría buscando un vuelo low cost a Mallorca tras haber finiquitado su carrera política. Aquí no. Aquí agachamos la cabeza porque somos un poco gallinas. Al parecer se nos ha olvidado el espolón afilado de los gallos negros que están deseando darnos de picotazos. De eso va que los de Vox con los del PP de tapadillo dinamiten la ley de Memoria Democrática de Balears.

Me proponía poner humor en este avispero. No me dejan. Andamos de solsticio, con la resaca de tantas noches sin dormir, pero nos alcanzó el barro y estamos dale que dale a la fregona a ver si borramos cualquier huella de la que ha caído en una semana triste. Eso quieren los lepennes de Mallorca, que olvidemos que las Auroras se levantan incansables, día a día. Sacan una pluma y escriben para que los hijos de los hijos, las hijas de las hijas, no se dejen curar las heridas con parches. Por más que las maten, las estilográficas resurgen de entre las grietas, como el humilde musgo entre las piedras.

Y parche es que se critique la amnistía a los Puigdemón y compañía, otorgada por un Sánchez que quiere seguir en la trona, cuando aquí se le otorga a quien mutila a una mujer torturada, asesinada por el franquismo. Sí, cuando uno rompe una fotografía de una persona, sabemos qué significa. Un odio que no te cabe en el cuerpo. Eso fue lo que mostró, con luz y taquígrafos, la segunda autoridad de Balears. ¡Qué sofoco!

Que el presidente del Parlament balear haya rasgado esta semana el retrato de la modista republicana que fue asesinada por sus ideas evidencia que no hay ni arrepentimiento ni vergüenza. Seguimos a cuestas con los mensajes de la ultraderecha que siguen echando baldes de agua para limpiar la ponzoña del franquismo, gracias, y ahí es donde observamos las equidistancias, al beneplácito del PP. No basta señora Prohens con que pida disculpas y afirme sentirse avergonzada por ese gesto de Le Senne. Sea valiente y pida su dimisión. Tiene un marrón que resolver.