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Empezamos bien. ¿Se refiere usted a los identificados o a los no identificados? Por supuesto que me refiero a los no identificados porque a los primeros ya les hemos puesto un nombre: son aviones, globos sonda, drones o palomas mensajeras. Pero los segundos también existen. O existían porque últimamente poco se oye al respecto. En fin, hoy vamos a entrar de lleno en el tema de los objetos volantes no identificados y sus posibles tripulantes, los extraterrestres.

Empecemos por el nombre. Como no sabemos exactamente qué son, no sabemos exactamente cómo llamarlos: ¿platillos volantes, ovnis, UFO o UAP que es la última denominación en inglés? La indeterminación ya siembra dudas por lo que respecta a su existencia. Una existencia que nadie ha podido demostrar aun de manera convincente y definitiva a pesar de que ha intentado ser certificada por científicos de renombre, periodistas como Jiménez del Oso, J.J. Benítez o Iker Jiménez y, probablemente, algún personaje con ganas de notoriedad cuyo nombre desconozco.

Y no será porque no se haya intentado contactar con otras inteligencias, civilizaciones o mundos. Famosa es la quedada nocturna en el Puig Major el 22 de junio de 1978 para observar en conjunto y tener así el privilegio de ser testigo directo de una visita de quien viva por ahí arriba. Supongo que no hace falta que les explique el resultado. Pero estos esfuerzos no debieron de ser todos en vano porque hay quien afirma que ha conseguido constatar la existencia de otros seres inteligentes no humanos. Prueba de ello, son los testimonios de abducidos y los detallados relatos de contactos con extraterrestres que poblaron el espectro mediático en los ochenta y en los noventa. Unos testimonios que, por lo general, coinciden en dos aspectos. En primer lugar, suelen describir a los supuestos visitantes de manera casi siempre idéntica lo que demuestra una gran falta de imaginación o que siempre nos visitan los mismos. Y lo segundo es que siempre se habla de halos de luz hipnóticos y de velocidades supersónicas que desafían todas las leyes de la física conocidas. Debe de ser porque vienen, observan y se van pitando. Otra explicación no encuentro, la verdad.

En resumen, ¿existen o no existen? La paradoja de Fermi, que se cuestiona por qué no nos visitan si se supone que hay tantas civilizaciones ahí fuera, resume mi manera de enfocar el tema. Además, no hace falta esperar a visitantes extraños. Si observamos nuestro entorno nos daremos cuenta de que, en primer lugar, hay mucho abducido suelto por lo que se demuestra que no hace falta haber entrado en una nave espacial para pertenecer a este selecto grupo. Mi segunda observación es que los avistamientos parecen no darse desde que todos tenemos teléfonos móviles con cámaras de altísima resolución. ¿Es esto una casualidad? Y mi tercera observación es que, citando al poeta francés Paul Éluard, hay otros mundos, pero están en este. Por tanto, no mire tanto hacia el cielo y concéntrese en su alrededor porque verá a muchos seres que le van a llamar la atención. Mi conclusión es que si hay vida inteligente ahí fuera es tan superior que ni se molesta en visitarnos o tal vez ya pasaron por aquí y han decidido no retornar porque no les interesamos. En fin, todo muy difuso. Acabemos con una cita irrefutable: No sé si se estoy en lo cierto, lo cierto es que estoy aquí. Grande Rosendo, muy grande.