Cita en Suiza

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En su enésimo chantaje al Gobierno, el supuestamente derrotado y todavía prófugo, Puigdemont, exige ya una nueva cita con mediador internacional en Suiza. Santos Cerdán, y quién sabe si además algún alto cargo del Ejecutivo, se marchará al país alpino y volverá a negociar lo imposible, que consiste en que un huido de la justicia obligue a un presidente elegido democráticamente a someterse a una moción de confianza. Tras el triunfo de Illa en Cataluña, el retraso en la tramitación de la amnistía y su ridícula huida de Barcelona, tras el regreso clandestino, a Junts y a Puigdemont solo les quedaba hacerse fuertes en el Congreso con una mayoría tan inestable como la de los socialistas. Con esta imbatible arma en sus manos, sus chantajes han subido de nivel e incluso coquetean con el PP en una imaginada moción de censura. Mientras su poder decae en su patria catalana crece su capacidad en el resto del Estado de maniatar la legislatura. Prueba de ello es que su contrincante de ERC, Junqueras, se haya desplazado a Waterloo para retomar relaciones. De momento, desde el Gobierno, y antes de la cita en Suiza, aceleran la trasferencia en inmigración y vuelven a presionar en Bruselas para que la lengua catalana sea declarada oficial en las instituciones europeas. Lo inaudito, viendo los sufrimientos por los que está pasando Sánchez para mantenerse en Moncloa con semejantes socios, es que Feijoo no descartara hasta hace pocos días, y porque Puigdemont le dijo que no, un posible pacto con Junts y Vox, para una moción de censura. ¿Tanto es el ansia de poder como para compartirlo con semejantes compañeros de viaje? ¿No ha sufrido ya suficientes chantajes de Abascal y rupturas en gobiernos autonómicos como para tener que contar ahora también con el fugado? Lo peor de esta legislatura no es la permanente incertidumbre sino la constancia de que la alternativa pasará por los mismos trances y las necesidades ciudadanas serán relegadas, una vez más, a segunda fila.