1. m . coloq. vergüenza ajena.
Cada vez es más excepcional encontrar un comercio de barrio, de los que conocía a todos los clientes, incluso a los más pequeños de la casa. Colmados, fruterías, zapaterías, mercerías... en los que entrabas y sabías el nombre del tendero y él el tuyo.
Suelo aplaudir pocas iniciativas de los gobernantes. Siempre existen excepciones. El catálogo de establecimientos emblemáticos se antoja algo elogiable, que debería tener el apoyo de los ciudadanos y la participación de los comercios. Una magnífica guía para comprar en los negocios de nuestros vecinos, que mantienen el trato y la excelencia de servicio que tanto falta en los franquiciados.
A menudo comparo el día a día del establecimiento tradicional con la batalla de David contra Goliat. Las grandes superficies ofrecen tantas supuestas ‘ventajas’ que la mayoría no suele plantearse, previamente, en qué lugar se puede hallar el artículo deseado fuera de esas (frías) áreas comerciales. Por ello, el comerciante local debe conseguir la atención del vecindario de un modo permanente; con acciones convencionales, como anunciarse en la prensa o los medios locales; presentar sus productos y ofertas de manera clara y llamativa en sus escaparates y, con el tiempo, ganarse el cariño y un hueco en la mente de los residentes.
Una de las propuestas que me parece magistral es el ejemplo de la juguetería La Industrial (apuntar que la antítesis del nombre bien merece una reflexión); en su constante lucha por mantener la puerta abierta año tras año, desde hace más de cien, seleccionan los juguetes que en el interior de su envoltorio incluyen dosis de nostalgia; consiguen un entorno entrañable; y el persistente trabajo buscando sorprender a los transeúntes con su escaparate, consiguiendo llegar a ascenderlo a la categoría de tradición, una visita obligada de los palmesanos por Navidad. Este último, un autohomenaje más que merecido. ¡Enhorabuena, Concepció y familia!
Levantar la barrera de un negocio cada día supone un esfuerzo titánico que hay que superar a diario, trabajando en la calidad que se ofrece, el trato exquisito y buscar el factor diferenciador, rascando el rincón necesario en el corazón de los usuarios. Ya sabemos que no se ganó Zamora en una hora.
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