El declive de lo 'woke'

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Lo ‘woke’, que proviene del inglés y significa «despierto» o «consciente» es una prolongación o derivación de lo PC (lo políticamente correcto), en tanto que es básicamente un modo de hablar que no solo ha pretendido no ofender a colectivos que históricamente han sido discriminados, sino también invisibilizar sus causas. En el origen del movimiento se aplicaba en USA a la comunidad afroamericana, para referirse a estar alerta ante las injusticias raciales. Con el tiempo, el término ‘woke’ se amplió para acabar siendo una gama de causas sociales, como los derechos de las mujeres, la igualdad de género, los derechos LGTBIQ+ la justicia económica, Etc.

El lenguaje ‘woke’ ha constituido un estilo de comunicación que ha buscado ser inclusivo, respetuoso y consciente de las temáticas sociales, políticas y culturales consideradas más ‘progres’. Ha sido un movimiento que ha invitado a estar alerta ante el racismo, el sexismo, la llamada diversidad de género y orientación sexual, que surgió dentro de la comunidad negra useña, que originariamente quería decir estar alerta a la injusticia racial.

Ese lenguaje no usa términos excluyentes u ofensivos para personas de diferentes géneros, culturas o identidades en boga. Ha utilizado, por ejemplo: «personas gestantes» en vez de «mujeres embarazadas» y ha incluido a hombres trans y a quienes se autoconsideran personas no binarias. No ha asumido géneros. Habiendo usado el desdoblamiento («niños y niñas»), y la «e» («niñes») o términos neutros como «infancia».

También ha evitado las palabras o expresiones que perpetúen estereotipos culturales o racistas. Un ejemplo es: en lugar de decir «los hombres fuertes lideran», decir «el liderazgo requiere fuerza». Reconociendo también las desigualdades sociales evitando términos o actitudes que refuercen estructuras de poder discriminatorias.

Uno de los ejes de la última campaña presidencial de Donald Trump se dedicó a combatir a los denominados «woke lefties» (izquierdistas despiertos) quienes -afirma- practican un «fascismo de extrema izquierda». Manteniendo sin ambages que el movimiento ‘woke’ promueve la «cultura de la cancelación», que provoca la expulsión de gente de su trabajo, exige la sumisión de los detractores e ignorar la disidencia. Constituyendo ese modo de hablar una forma de censura o limitación de la libertad de expresión, que además complica la comunicación cotidiana.