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Por primera vez un equipo multidisciplinar de la FEIAB (Federació d'Entitats d'Atenció a la Infància i Adolescència Balear) ha elaborado una investigación sobre las fugas de los menores protegidos de la red de centros de acogida de Baleares, las causas y los riesgos. Se trata de un trabajo pionero y toda una declaración de intenciones por parte de los profesionales para profundizar en la problemática, analizar las causas, buscar soluciones y tomar medidas.

En el salón de actos del centro Flassaders de Palma, ante más de un centenar de personas, los parte del equipo técnico que ha elaborado el estudio presentó los resultados. También asistieron a la charla representantes del Cuerpo Nacional de Policía, Guardia Civil y especialistas de la Universitat de les Illes Balears.

El informe está elaborado en los 20 hogares de protección de Mallorca durante 13 meses. Concretamente, desde mayo de 2021 hasta el mes de junio de 2022, ambos inclusive. Para elaborar esta investigación han contado con la colaboración de 300 técnicos. A grandes rasgos, los grandes datos más destacados son lo siguientes: De los 464 menores atendidos, un total de 59 se han fugado un total de 242 veces. Por género se desprende que un 38 por ciento eran chicas mientras que un 62%, eran chicos.

Los expertos han explicado que la horquilla de edad de los menores que protagonizan las salidas no autorizadas es de entre 15 y 17 años, pero que un 54%, tiene 17 años. La duración de las fugas son de, un 61 %, de una duración de entre 4 y 24 horas; un 23% entre uno y cuatro días y, un 16 %, fugas superiores a los cuatro días de duración.

Lo más preocupante de esta investigación sin duda alguna son las causas y sus posibles consecuencias. Un 10 por ciento de los adolescentes presentaban vínculos relacionados con la explotación sexual, mientras que un 56 %, presentaban algún tipo de consumo de sustancias estupefacientes o tabaco. Del mismo modo, un 10 % de los adolescentes presentan conductas de autolesión o suicidas.

Los profesionales tienen muy claro que las fugas pueden generar absentismo escolar, ser víctima de robos, agresiones, abusos o explotación sexual a cambio de un techo donde vivir. Finalmente, el equipo de trabajo e investigadores seguirán trabajando en esta línea y ofreciendo recomendaciones y medidas para buscar soluciones a esta problemática.