Dolor tras el asesinato de las niñas. | Efe

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Alina, la madre de las niñas de dos y cuatro años que fueron envenenadas por su padre en un cortijo de Las Alcubillas, en Alboloduy (Almería) el pasado 17 de marzo, se ha mostrado convencida de que su expareja, respecto a la que tenía una orden de alejamiento por malos tratos, actuó con la intención de provocarle dolor.

«No sé qué tenía en su cabeza, pero estoy segura de que lo hizo para hacerme daño a mí, porque si él se mataba solo, sabía que yo iba a vivir tranquila con mis niñas», ha explicado la mujer en una entrevista en el programa 'Hoy en día' de Canal Sur Televisión recogida por Europa Press. La afectada ha asegurado que «nunca» creyó que el padre de las pequeñas fuera capaz de hacerles daño directamente a sus hijas, por lo que estimó la posibilidad de iniciar un acercamiento hacia él para, en un primer momento, poder independizarse con sus hijas, y después, conseguir que autorizara la salida de las niñas a Rumanía, a donde quería volver.

«Yo he cometido el error por las cosas [circunstancias] que me empujaban», ha explicado Alina, quien ha dado cuenta de la situación de vulnerabilidad en la que se encontraba con apenas 22 años, en un país extranjero, sin conocer el idioma, con dos hijas de corta edad y sin apenas contar con una red social y familiar en la que apoyarse para escapar de la situación de maltrato. La madre, que permanece en el municipio de Abla donde se dio sepultura a las niñas hace una semana, ha explicado que inició la relación con su pareja con 18 años tras conocerlo en Gérgal y apenas un año después se quedó embarazada.

Así, ha asegurado que al año de relación «enseñó la cara» y fue cuando la «aisló», restringiendo sus salidas y sus contactos. «Me rompía el móvil para que no hablara con mi madre», ha explicado ante una situación de maltrato que fue creciente hasta reconocer que incluso la amenazó con quemarla con ácido, matarla o estrellar el coche en el que viajaban con las niñas contra una fuente. Tras interponer una denuncia por malos tratos que dio lugar a que un juez dictara el 26 de mayo de 2022 una orden de alejamiento del maltratador sobre ella garantizada mediante una pulsera telemática, ingresó en una casa de acogida con las niñas en Granada de la que finalmente se fue de manera voluntaria por sentirse «presionada», según ha dicho.

«No me sentía protegida, me sentía más maltratada», ha manifestado en relación al modo en el que se desarrollaba la vida en esta vivienda donde, según la versión que ha dado, le habrían instado a irse al cabo de un tiempo, preguntándole con frecuencia cuándo se iba a ir o si había encontrado un alquiler, llegando a manifestarla posibilidad de entrar en otro piso de acogida. Así, decidió salir de la vivienda con las dos niñas. «Me fui otra vez con el maltratador», ha explicado al estimar que, bajo esta posibilidad, podría tener ayuda para encontrar una casa, lo que finalmente le permitió instalarse en Abla.

No obstante, ha reconocido que las situaciones de maltrato, como insultos por teléfono a altas horas de la madrugada, aún se sucedían. Alina ha estimado que posiblemente la situación se tornó más favorable después de que ella aceptara que el hombre viera de forma asidua a sus hijas, de la que, según ha narrado, había solicitado la patria potestad y autorización para poder salir de España con ellas, lo que no se le había permitido.

Ante la situación laboral y los escasos recursos de los que disponía, la expareja acordó efectuar un régimen de visitas al margen del establecido a través del Punto de Encuentro Familiar a fin de facilitar los encuentros de una manera flexible entre las niñas y su padre. Fue precisamente durante la última visita cuando se produjo el crimen descubierto por la propia madre de las pequeñas, quien acudió alarmada al cortijo acompañada de su excuñado, ya que el hombre no contestaba a sus llamadas de teléfono ni mensajes.

«Yo prefería hablar con él para sentirme yo más segura», ha manifestado en relación a su acercamiento y su convicción de que, pese a estar sometida ella a maltrato, «nunca» creyó que pudiera agredir a las niñas. La mujer, que no ha podido volver a su vivienda habitual y que, por el momento, ha decidido prescindir de ayuda psicológica, ha mostrado su agradecimiento a los vecinos de Abla, que iniciaron una colecta para apoyarla económicamente y sufragar los gastos del sepelio, así como al alcalde del municipio, que se ha portado «estupendamente» con ella, y a su actual pareja sentimental.