Antoni Quetglas: "La mayoría de los emigrantes de Sóller eran artesanos"

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Antoni Quetglas ha escrito un libro que nos era imprescindible. Quiero decir que había un hueco esperándolo en los estantes de las bibliotecas. La historia de la emigración sollerica es tan singular como trascendente desde el momento que transforma de manera radical un pequeño núcleo urbano. Y Quetglas ha sabido reseñar todos los registros (económicos, sociales, culturales, etcétera) que generó. Por otra parte, "L'emigració sollerica, 1836-1936" es el libro que Joan Estades hubiera querido escribir. Joan Estades fue un funcionario, enamorado del pasado, que dedicó el tiempo libre a hurgar en el archivo municipal para recuperar los nombres de los emigrantes sollerics y todos aquellos detalles que pudieran completar el álbum de la emigración. La génesis del libro se halla, por tanto, en sus cuatro cuadernos escritos a mano. Pero también en las páginas del semanario "Sóller" (fundado en 1885), que fue el nexo de unión entre los sollerics de Sóller y los del resto del mundo. Ambos, Estades y el "Sóller", han facilitado el interesantísimo trabajo de Antoni Quetglas. Un libro de historia ha de sugerir nuevas investigaciones.
"L'emigració sollerica, 1836-1936" abre múltiples caminos al conocimiento y a la curiosidad. Yo me centro en el apartado de los galicismos, un maravilloso muestrario de historia viva. He aquí algunos: carrota (zanahoria), cocalutxa (tosferina), dona de menatge (mujer de limpieza), mallot (traje de baño), gara (estación), lapí (conejo), petit puà (guisante), posta (correos), valisa (maleta) y vuatura (maleta). Insisto: una maravilla.

Se le considera uno de los historiadores más dinámicos de las últimas promociones surgidas de la UIB. En su haber, varios libros publicados teniendo a Sóller como tema de estudio. Antoni Quetglas (Sóller, 1980) es licenciado en historia (UIB, 2004) y especializado en historia contemporánea. Acaba de publicar "L'emigració sollerica 1836-1936" (Promomallorca Edicions, 2009) con la aportación inestimable de un investigador local, Joan Estades (Lyon, 1916- Sóller, 2007).
Simple curiosidad. Quiero saber por qué la fecha de partida de su estudio es la de 1836. Me responde:
Antoni Quetglas.- Porque en la década de los treinta tenemos documentado al primer solleric en Puerto Rico. Se trata de Joan Marquès Marquès, de Can Alic.
Llorenç Capellà.- ¿Cuál era su perfil?
A.Q.- Pertenecía a una de tantas familias de tejedores que se vieron perjudicadas por el proceso de industrialización textil, dado que conllevó la sustitución del trabajo a domicilio por el de las fábricas. A partir de 1880, y durante un siglo, funcionaron en Sóller 13 fábricas de tejidos.
L.C.- Me decía de Joan Marquès
A.Q.- Que emigró a Puerto Rico siguiendo los consejos de un pariente próximo, franciscano, que residía en Lares, cerca de San Juan.
Marquès montó una empresa de exportación de café y azúcar. Hizo fortuna rápidamente y llamó a sus hermanos para que le ayudaran en el negocio. Y así empezó a construir su imperio. Todas las grandes empresas mallorquinas en Sudamérica solían ser de ámbito familiar.
L.C.- ¿El detonante de la emigración, fue la pobreza?
A.Q.- No. La mayoría de emigrantes eran artesanos. También había patrones de barca, agricultores. Pero no eran jornaleros ni gentes acuciadas por el hambre. Además, no se embarcaban en aventuras de resultado incierto. La mayoría cruzaba el Atlántico sabiendo que iba a incorporarse como capataz o mayordomo en la tienda de algún solleric. O que sería tutelado por la gran familia sollerica hasta que encontrara un trabajo productivo.
L.C.- Y la mayoría se dirigían a Puerto Rico.
A.Q.- Sí. Al menos en los primeros años de la época que he estudiado.
Luego se establecieron en Cuba, en Argentina, en México A finales del siglo XIX había una activa colonia sollerica en Nueva York.
Ahora bien, la tierra de Puerto Rico es muy fértil, con grandes plantaciones de café y de azúcar. Los sollerics se hallaron con un mercado incipiente que tenía unas posibilidades de expansión impresionantes. Y supieron aprovecharlas. Tenga en cuenta que hasta el siglo XIX las tierras de la Corona de Aragón tenían prohibido comercializar con América.
L.C.- Un disparate.
A.Q.- ¿Qué le vamos a hacer ? El comercio de ultramar era un privilegio exclusivo de Castilla. Y Castilla llegaba al mar a través de Cádiz y Sevilla.
L.C.- El comercio con Francia
A.Q.- Se inicia con posterioridad al de Sudamérica. Lo que podríamos considerar como una primera emigración masiva tiene lugar a partir de 1850, aunque la proximidad geográfica hizo que hubiera relaciones comerciales desde siempre. ¿Que la Catalunya Nord pertenecía administrativamente a Francia ? ¡Bueno ! Los sollerics consideraban que Montpeller era una ciudad tan próxima y tan propia como pudieran serlo Barcelona o València.
L.C.- Exportaban, básicamente, naranjas.
A.Q.- Sí. Aunque la naranja, en torno a 1860, entró en crisis a causa de una plaga que acabó con los naranjos y obligó a repoblar los huertos. En cualquier caso, la clave de la relación comercial de Sóller con Francia se halla en la remodelación del Port. Ya en 1783, las autoridades permitieron la construcción de un gran almacén para depositar los productos que iban a embarcarse. Y en 1811, se consiguió que se habilitara plenamente para el tráfico comercial.
L.C.- ¿Inicialmente los sollerics se establecieron ?
A.Q.- En el sureste de Francia. Y fueron subiendo hacia el norte hasta situarse en las zonas francófonas de los países vecinos: Bélgica, Alemania, Luxemburgo y Suiza. En 1887 había cuarenta y tres restaurantes de sollerics en Marsella. Unos llamaban a otros y, entre todos, establecieron una red comercial y familiar muy sólida. Incluso, cuando un solleric estaba en edad de formar una familia se casaba con una sollerica, aunque fuera por poderes.
L.C.- ¿Y sin conocerla?
A.Q.- A veces, sí. Mosén Josep Pastor, el vicari Fiquet, se encargaba de arreglar los matrimonios. El emigrante le escribía describiéndole las cualidades que debían adornar a su futura esposa y el vicari Fiquet buscaba, entre las solteras, la que mejor se adaptaba a la petición.

Cuando un solleric estaba en edad de formar una familia se casaba con una sollerica, aunque fuera por poderes ”

L.C.- Dios mío. ¿Y quién era este casamentero?
A.Q.- Un buen hombre que gozó de la estima de sus conciudadanos. Cuando celebró sus bodas de oro sacerdotales, en 1937, Pío XI le otorgó la gracia de impartir una solemne bendición papal a los fieles que le acompañaban en la celebración de la Eucaristía. Murió en la primavera de 1940. Había intervenido en la cristalización de 1.671 matrimonios.
L.C.- La de escobazos que debieron propinarse por su culpa.
A.Q.- Probablemente repartió felicidad y desgracia. Pero no cabe duda de que evitó que se rompiera la relación de los emigrantes con su Sóller natal.
L.C.- Volviendo a la emigración hacia Puerto Rico
A.Q.- Va cediendo en intensidad en las últimas décadas del siglo XIX, a medida que aumenta el flujo migratorio hacia Europa. Los motivos son múltiples, pero hay algunos determinantes. En 1898 España pierde sus últimas colonias y Sudamérica cae bajo la influencia de Estados Unidos. En consecuencia, las compañías yanquis reciben un trato de favor en detrimento de las españolas.
L.C.- Lógico.
A.Q.- Por otra parte, Francia pasa por un período de despoblación y el gobierno crea leyes protectoras para los inmigrantes. Luego está la cercanía geográfica. Los patrones de barca sollerics cruzaban el Mediterráneo a ciegas.
L.C.- Sin embargo, las grandes fortunas continuaron en Puerto Rico.
A.Q.- Por supuesto. Los Mayol, los Castañer, los Colom, los Casasnovas El Poblado Castañer, cerca de Lares, lleva este nombre en homenaje a Joan y Antoni Castañer, dos exportadores de café que lo fundaron.
L.C.- Tanto capital acumulado en colonias, debió de reinvertirse, en parte, en Mallorca.
A.Q.- Palmanova empezó a urbanizarse gracias a la iniciativa de Llorenç Roses. Pero la pujanza económica de todos ellos se reflejó, primeramente, en Sóller. Ahí están las casas solariegas de las calles de la Lluna o de Isabel II, de la Gran Via, de l'Eixample Can Cremat, Can Prunera, Can Maçana Unas de inspiración colonial o historicista, otras modernistas El modernismo caló hondo. Los veleros y barcos que iban de Sóller a América o a Francia acostumbraban a fondear en el puerto de Barcelona.
L.C.-
A.Q.- Y con Sóller se relacionaron artistas catalanes del peso de Rusiñol o de Joaquim Mir. Oí decirle al profesor Damià Pons que Sóller era la ciudad de Mallorca en donde se daban las condiciones adecuadas para que se reprodujera el esquema de sociedad burguesa de la Barcelona de 1900. La cultura tomó auge. Muchos inmigrantes dispusieron de muy buenas bibliotecas.
L.C.- ¿Qué se ha hecho de ellas?
A.Q.- Se han repartido o han acabado en manos de algún vendedor de libro viejo. Rusiñol, en "L'illa de la Calma", destaca que en sa Botigueta podía consultarse la principal prensa extranjera.
Hablamos de principios del siglo XX.
L.C.- El inmigrante que regresaba rico ¿en dónde invertía sus ahorros?
A.Q.- En el Banc de Sóller, por ejemplo. En las empresas textiles, en el Ferrocarril de Sóller, en las navieras Con sede en Sóller, estaban la Compañía de Navegación de Sóller, que apenas duró un quinquenio, entre 1891 y 1895 la sociedad Copropietarios del Vapor León de Oro, que estuvo en vigor entre 1895 y 1903 la Marítima Sollerense, que fue la de mayor duración, pues se fundó en 1903 y no se disolvió hasta 1923 y la Compañía de Navegación Sollerense, que estuvo en activo entre 1923 y 1927.
L.C.- La dinamización social tuvo que dejar, forzosamente, su huella en el campo ideológico.
A.Q.- La mayoría de los sollerics que fueron alcaldes en el periodo 1900-1940 eran gente rica. Tal vez por esto practicaron una política caciquil. Estaban escarmentados. Algunos de los más importantes hacendados sollerics, habían visto como los tiznados
L.C.- ¿Quiénes ?
A.Q.- Los tiznados: campesinosde Puerto Rico con la cara tiznada para no ser reconocidos. Los tiznados, digo, les quemaban las haciendas. Fuera por esto o por su privilegiada condición social eran conservadores, gente de Maura. Aún así, ya en el siglo XX, hubo una corriente progresista importante que se canalizaría a través del Centro Republicano Sollerense.
L.C.- ¿Quiénes fueron sus impulsores?
A.Q.- Gentes procedentes de la emigración puertoriqueña. Antoni Mayol Simonet, que fundó en San Juan una popularísima ferretería llamada Los Muchachos Llorenç Roses Bermejo, nieto del fundador de una compañía productora de café, Roses y Cía y Damià Ozonas Pastor, autor de "Elvira", una novela, que había probado fortuna tanto en América como en Francia. Luego está Maria Mayol, que había estudiado en la universidad de Burdeos. Fue la primera mujer, en las Illes Balears, que se presentó para diputada en Cortes en una candidatura republicana.
L.C.- Y no podemos olvidar a Josep Serra, el último alcalde republicano.
A.Q.- Es cierto. Él no emigró. Pero Miquel, su hermano, residió en Buenos Aires en los años veinte. ¡Bueno ! Estalló la Guerra Civil y para toda esta gente tuvo consecuencias trágicas.
L.C.- Bernat Marquès y Llorenç Roses fueron fusilados.
A.Q.- Era una forma de castigar a esta incipiente burguesía a la que aludía Damià Pons. Sin embargo, en el treinta y seis, tanto Marquès como Roses ya no mantenían muchos contactos con Sóller por lo que su ejecución no impactó tanto como la condena a muerte, luego conmutada, del doctor Serra. ¡Esta sí que conmocionó a los sollerics !
L.C.- Dígame que la emigración también influyó en otros aspectos de la vida. En la moda, en la gastronomía
A.Q.- Usted dirá. En la tienda "La Isla de Cuba" podía adquirirse lo último en moda europea. Las pamelas o los corsés llegaron a Sóller antes que a cualquier otra población de Mallorca. Y los sollerics que volvían de América vestían de blanco y usaban panameño.
L.C.- ¿Y qué se cocinaba?
A.Q.- Se introdujeron, en la gastronomía tradicional, platos de la cocina caribeña o francesa. Tanto el arroz hervido con plátanos fritos como el pato a la naranja, se incorporaron a todas las mesas.
L.C.- Si la prosperidad fue tan evidente, mallorquines de otros pueblos debieron de establecerse en Sóller.
A.Q.- Es lógico. Unos eran jornaleros que se apuntaban a la recolección de la aceituna o de la naranja y ya se quedaban. Otros se establecían temporalmente en Sóller con la idea de enrolarse en la tripulación de algún velero y pasar a Francia. Hubo inmigración procedente de Artà, de Santa Eugènia Uno de mis bisabuelos era de Bunyola y otro de Caimari. De todas formas, el estallido de la Guerra Civil cercenó el flujo migratorio. Nadie podía abandonar la isla.
Luego se iniciaría la Guerra Mundial y entre una y otra guerra hubo diez años de aislamiento. La ciudad de Sóller ya no se reconocía a sí misma.
L.C.- ¿Qué pasó?
A.Q.- Se vivía bajo control policial. Se cerraron las sociedades recreativas y culturales. Y gentes como Josep Serra o Maria Mayol dejaron de tener presencia pública. Sólo la industria textil se benefició de la guerra. Las fábricas exportaron, primeramente, a la España nacional. Luego a Alemania. No obstante
L.C.- ¿Qué?
A.Q.- El esplendor de Sóller tocaba a su fin. El puerto comercial fue convertido en base militar de Marina. Se dejaba a Sóller sin salida al mar.
L.C.- Un disparate.
A.Q.- Grande. Aunque hubo otros motivos para justificar la decadencia.
Escaseaba el dinero, los mercados eran otros No sé hasta qué punto son determinantes. Pero sirven de consuelo.