Vicenç Amengual, en el primer aniversario de Juliette, que causó grandes destrozos en la Comuna de Bunyola. | Lola Olmo

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El Ajuntament de Bunyola es el dueño de las 1.111 quarterades de la Comuna, un terreno montañoso declarado como monte de utilidad púbica en 1929. Son aproximadamente 720 hectáreas en las que conviven los usos de aprovechamiento reservados a los residentes en Bunyola –básicamente leña y caza– y los recreativos, abiertos a todo el público, entre los que destacan senderismo, escalada, bicicleta y el uso del área equipada como merendero. Para lograr un equilibrio entre la conservación de la naturaleza y estos usos recreativos, está la figura de los garriguers.

Como explica Vicenç Amengual, garriguer desde 2011, una de sus funciones es ejercer como interlocutores entre el Ajuntament y los usuarios, y también entre todas las entidades que operan en este terreno. Como ejemplos, el Consell, que lleva el mantenimiento de la ruta senderista GR; el Ibanat y Tragsa, que se hacen cargo de la gestión forestal y de la prevención de incendios; la UIB, que realiza estudios científicos, o Paratge Natural, que es quien debe autorizar los rodajes cinematográficos que se solicitan. Amengual se muestra agradecido a todas estas administraciones por la colaboración que permite gestionar un espacio tan extenso con un presupuesto muy limitado.

La gente de Bunyola ama su monte comunal, aunque hoy en día no sea la base de su sustento como lo fue en la Mallorca preturística, cuando allí se hacía carbón, leña y cal. «Estoy muy agradecido a los voluntarios de las asociaciones de Bunyola, tras el temporal de nieve Juliette en 2023, que destrozó muchos árboles, la gente del pueblo y otros usuarios de fuera se unieron para limpiar todos los caminos para que estuvieran operativos antes del verano y de la temporada de incendios; su implicación me sorprendió», explica. De hecho, la colaboración con cazadores, senderistas, propietarios de fincas vecinas, etc permite velar por el bien de la Comuna con pocos efectivos. Si hay algún incidente o desperfecto, alguien le avisa.

Vicenç Amengual lleva toda su vida dedicado a oficios relacionados con la montaña. «Te tiene que gustar, para poder pasar ocho horas al día en ella». No es uno de esos guardias forestales que ven a los usuarios como una amenaza aún sin razón, pese a que su misión es informar de lo que no se puede hacer: abrir nuevas vías de escalada, acampar, cazar sin autorización o hacer fuego fuera del área recreativa o entre el 1 de mayo y el 1 de octubre – fechas en las que tampoco se puede acceder en coche– o poner música en el área recreativa, donde conviven distintos grupos de visitantes. «Los espacios naturales son para ser visitados; en la Comuna buscamos el equilibrio entre la conservación de la naturaleza y el uso recreativo no prohibiendo, sino regulando, ya que es refugio y zona de cría de muchas aves protegidas, y a la vez, un lugar donde la gente viene a practicar muchas actividades».