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Despejadas las dudas que había suscitado en Luis Aragonés arrancar la Liga en casa "un debut donde el equipo no hizo más que justificar los temores de su técnico desplegando un fútbol abominable", el Mallorca pretende iniciar su rehabilitación ante un rival muy poco dado a regalar oxígeno.

El Valencia tiene por costumbre asfixiar al club bermellón tanto en el césped como en los despachos. En lo futbolístico, siempre le ha ganado en Mestalla; en cuanto al plano institucional, las relaciones entre ambas entidades seguirán congeladas mientras dure el recuerdo del «caso 'Kily' González», un desagradable incidente diplomático producto de la imposición dictada por Héctor Cúper de adelantar al sábado un encuentro de Liga apenas cuarenta y pocas horas después de que el Mallorca cerrase en Estambul el capítulo más negro de su andadura europea.

En cualquier caso, más que su honor, lo que necesita lavar el grupo de Aragonés es la pésima imagen ofrecida en el encuentro ante el Valladolid, un envite en el que el equipo bermellón ofreció notables lagunas en su flanco izquierdo y se desentendió por completo del juego de bandas. Para el encuentro de hoy, el técnico madrileño recupera a Miquel Soler y confía el interior derecho a Àlvaro Novo en detrimento de Finidi George, muy lejos todavia de un estado de forma acorde con las exigencias de la competición.

Carreras, que adelantará su posición respecto al domingo pasado, Ibagaza y Engonga completan un centro del campo que, según aseguró el entrenador bermellón ayer, será la gran clave del encuentro. «Habitualmente quien controla esa zona es quien se hace dueño del partido y el Valencia tiene un centro del campo impresionante», aseguró Aragonés, quien elogió por enésima vez a quien será su rival esta noche: «No se trata de destacar a algún jugador en concreto; lo que me preocupa es todo el Valencia, su efectividad en el juego de bandas y la solidez de su bloque», afirmó Aragonés al término del entrenamiento de ayer.