El corredor mallorquín celebrando el histórico éxito logrado en Sydney.

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TOMEU TERRASSA / JOAN TORRES
Llaneras demostró ayer al mundo por qué llegó a Sydney con tanta confianza en sus fuerzas. El corredor de Porreres, que siempre se había referido a sus expectativas de medalla en un tono de optimismo rayano en la euforia, paseó su superioridad por el Dunk Gray Velodrome y se alzó con la medalla de oro en una prueba de puntuación que dominó de principio a fin.

El corredor mallorquín se impuso con total superioridad al resto de competidores y dejó el segundo peldaños del podio al uruguayo Milton Wynants, bronce en Atlanta 96, mientras que al tercer escalón se subió el ruso Alekséi Márkov, tercero en el Mundial de Perth 97 y plata en persecución en pista (4 km) por equipos en la anterior cita olímpica. Precisamente fue el recuerdo de Atlanta lo que ha marcado buena parte de la andadura de Llaneras en Sydney.

El porrerenc no estaba dispuesto a repetir la dolorosa experiencia del 96 (donde tuvo que conformarse con un diploma olímpico, al quedar en sexta posición después de dominar buena parte de la prueba) y se conjuró para que no volviera a pasarle el fiasco de los Juegos estadounidenses. Y desde luego que no le pasó. El porrerenc dio una auténtica lección táctica en el velódromo de Sydney, superando a rivales más rápidos que él pero que carecieron de su inteligencia y frialdad a la hora de plantear la carrera. Después de meterse en dos buenas escapadas, el corredor mallorquín se limitó a contener los esporádicos ataques de sus rivales. Con una vuelta de ventaja sobre sus principales adversarios, el oro de Llaneras se consumó bastante antes de que finalizara la prueba. Una buena muestra de la superioridad exhibida por el de Porreres fue que el australiano Stuart O'Grady, uno de los máximos favoritos por su reciente historial y por el hecho de que corriese en casa, quedó relegado a la décima posición.