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Óscar González|VIENA
La selección española se coronó en Viena, donde conquistó su segundo cetro europeo, 44 años después del primero, en un torneo que anunció un cambio de ciclo, dominado por el fútbol alegre del equipo de Luis Aragonés y en el que fracasaron los dos primeros clasificados del pasado Mundial, Italia y Francia. Con 12 goles a favor y sólo 2 en contra, España fue mejor que nadie, buscó siempre la victoria y sólo necesitó de la fortuna para derrotar a una pobre selección italiana en la tanda de penaltis, donde traspasó la barrera sicológica de los cuartos de final. El triunfo de la selección española es, sobre todo, el de Luis Aragonés que soportó el acoso cuando las cosas vinieron mal dadas, en la fase de clasificación, mantuvo su idea de no convocar a Raúl González y se ganó el respeto de sus jugadores. España fue ganando en confianza a lo largo del torneo y, tras rebasar los cuartos de final, creyó en la posibilidad de coronarse campeona. Desató la euforia en la semifinal ante Rusia, a la que volvió a golear (3-0), como lo había hecho en la primera fase, y en la final se impuso con un gol de Fernando Torres. La selección, además, resguardó el título de máximo goleador de David Villa, que con cuatro goles, estaba amenazado por Lukas Podolski, que terminó con un tanto menos. Aragonés, que llegó a Austria vilipendiado por un sector de la crítica y de la afición, por no convocar a Raúl González, deja el cargo, para fichar por el Fenerbahce, como el seleccionador con mejores números de la historia. Como España, Alemania no sólo se lleva un buen recuerdo de la Eurocopa, sino que sabe que cuenta con un proyecto que puede prolongar hasta el Mundial de Sudáfrica 2010.

Low prolongó la herencia de Klinsmann con un juego atractivo que ha sacado a Alemania del ostracismo, pero dependió en exceso de Michael Ballack, que se borró de la final, algo que suele ser habitual. La revelación del torneo fue la selección rusa que, conducida por Guus Hiddink, alcanzó las semifinales tras dejar en la cuneta a Holanda.

En lado de las decepciones, Grecia, campeona en Portugal 2004, encabeza todas las estadísticas negativas (0 puntos, 1 gol), pero son Francia e Italia las grandes perdedoras.

Italia se agarró a la mala fortuna en la tanda de penaltis para justificar su eliminación, pero esa misma suerte fue la que le dio el título mundial dos años antes y Roberto Donadoni apenas llegó a Roma se quedó sin trabajo. Peor le fue a Francia, la subcampeona mundial que concluyó última de su grupo, por detrás de Holanda, Italia y Rumanía. Dejó la sensación de que no puede prolongar más la presencia de la generación que ganó el Mundial, pero tampoco encuentra el relevo adecuado. Para Portugal y Holanda, por último, el torneo dejó la sensación de que podían haber llegado más lejos. Ambas deslumbraron con su juego en la fase de grupos, pero sucumbieron al primer cruce. El torneo, que convirtió a Turquía en la «reina del último minuto», hasta que cayó del mismo modo contra Alemania, en cuartos, deja a España instalada en la cumbre, con una joven generación de jugadores que, ahora, apunta al Mundial de Sudáfrica.