Mateu Alemany, en una imagen de archivo, besa la Copa conquistada por el Mallorca en Elche. | T. MONSERRAT

TW
4

Mateu Alemany Font (Andratx, 1963). Es el presidente de la Copa, pero también el gran padre de una década prodigiosa. Gurú del Mallorca moderno, el décimo aniversario de la conquista de Elche y la actual depresión ha provocado que los focos le apunten de nuevo. Después de tres años de silencio, el presidente Alemany vuelve a responder.

—¿Cuál es su radiografía del Mallorca?
—Como mallorquinista y expresidente creo que lo que debo hacer es prescindir de valoraciones concretas. Lo único que puedo decir es que son momentos complicados para la entidad y que el mallorquinismo debe estar lo más unido posible. El gran objetivo debe ser volver con rapidez a Primera porque después de diciséis años este club está diseñado y organizado para estar entre los mejores...

—Ha tomado usted mucha distancia con la entidad...
—Hace tres años que vendí el club a un grupo de mallorquines y desde ese día he intentado separarme totalmente de la gestión y de la entidad. Mi intención siempre ha sido la de no molestar, por eso no he hecho declaraciones ni he ido al estadio. Siempre he considerado que los nuevos gestores debían tener su espacio y que no debían producirse ningún tipo de interferencias o malos entendidos. He seguido al equipo por televisión y, más allá de mi colaboración con Miquel Coca por el tema del concurso, he estado totalmente desvinculado.

—Cronológicamente, la conquista de la Copa del Rey marcó un punto de inflexión en la historia del club y abrió un proceso de involución. ¿Está de acuerdo?
—Después de ganar la Copa yo seguí dos años más como presidente y debo admitir que el club cambió sustancialmente. Llegó una nueva propiedad y se abrió una nueva etapa que alteró el modelo de gestión e incluso la imagen que proyectaba el club hacia sus socios. No se trata de valorar si se han hecho mejor o peor las cosas, pero sí es una realidad que los resultados deportivos no han sido mejores. No me corresponde comparar, pero es una realidad que después de Elche cambió todo.

—¿Considera que el mallorquinismo está en estado de depresión?
—El descenso ha sido un palo enorme para todos los mallorquinistas. Normalmente valoras las cosas cuando las pierdes y ahora nos estamos dando cuenta de que ha sido un lujo estar en Primera durante dieciséis temporadas consecutivas, jugar en Europa e incluso lograr títulos. Una vez digerido el descenso se trata valorar en su justa medida todo lo que se había logrado y pelear con ilusión para recuperarlo.

—En algunos círculos se ha criticado su decisión de organizar una cena para celebrar el décimo aniversario de la Copa. ¿Le ha molestado?
—Me gustaría saber cómo se argumenta una crítica a un expresidente que se ha limitado a invitar personalmente a amigos, exdirectivos, antiguos empleados, exjugadores y técnicos a celebrar algo tan emotivo como pueda ser la efeméride de la Copa. Me parece que no es fácil criticar esto, cuando se trata además de un acto privado y personal, no institucional... El único objetivo que tiene es celebrar el triunfo más importante de la historia del club. Insisto, me gustaría saber cuál es el problema. No entiendo cómo se puede criticar la celebración de un aniversario...

—Al único que ha dejado usted fuera de la lista de invitados es a Gregorio Manzano, el entrenador que ganó la Copa...
—Es cierto, y la explicación es muy sencilla: yo soy el que organiza e invita a la gente. He invitado a gente por la que siento un gran afecto y respeto... En el caso de este señor, creo que no ha tenido un comportamiento correcto hacia mi persona y hacia la entidad. En sus fiestas cada uno invita a quien quiere y yo con Manzano no quiero tener ningún tipo de relación. La única relación que tenemos es la que él ha elegido: la judicial.

—¿Qué opinión le merece que Serra Ferrer apostara por Manzano para intentar salvar al categoría?
—Ya he dicho antes que no quiero entrar en la gestión actual del club. Ojalá hubiera sido la solución el señor Manzano.

—Siempre se dice que el fútbol es adictivo, especialmente para los directivos. ¿Siente usted nostalgia?
—Estoy de acuerdo en lo de la adicción. En mi caso personal, durante toda mi vida sentiré nostalgia del Mallorca porque en este club he vivido los años más importantes de mi carrera. Quiero muchísimo a este equipo y a él he dedicado muchos años, posiblemente los mejores de mi vida. Uno siempre siente nostalgia por las cosas buenas y en el Mallorca, aunque he vivido momentos muy difíciles, también ha habido momentos muy buenos e importantes. Eso no significa que no tenga muy claro que todo esto forma parte del pasado, que mi ciclo se agotó hace tiempo y que hay que dar espacio a nuevos proyectos, nuevas personas y nuevos estilos de gestión. Tengo muy claro que mi etapa se acabó hace tres años y no existe ninguna posibilidad de que pueda volver. Otra cosa es que el Mallorca me tendrá siempre a su disposición para gestiones o situaciones muy concretas.

—A pesar de todo, muchos aficionados siguen viendo en Mateu Alemany a un gestor mesiánico y contemplan su regreso...
—Yo nunca he sido nigún mesías ni nada parecido (risas). Soy un tipo que simplemente ha intentado hacer las cosas lo mejor posible y de forma coherente. Tanto mis esfuerzos como mis gestos siempre han ido encaminados hacia ello. La gente puede especular, pero ya estoy cansado de repetir que mi tiempo ha pasado. Además, estoy convencido de que es lo mejor para la institución y para mí.

—¿Es la Copa su mejor recuerdo?
—Con la cena de mañana (hoy para el lector) lo que pretendo es no solo celebrar el título de Copa, sino toda una década, del 93 al 2003. Durante esa época compartí muchas cosas con mucha gente que, además, estaba muy implicada. Las cosas, poco a poco, fueron cristalizando y llegó la Supercopa, la final de Valencia, la de Birmingham, una clasificación para Champions y el título de Copa. En la Liga fuimos dos veces terceros, incluso una vez quedamos por encima del Barça... Fueron unos años muy bonitos, viajamos por Europa y los recuerdos son imborrables. La Copa del Rey es un título, aunque para mí representa mucho más: un club, un estilo, una forma de gestionar y un concepto de entidad... El resultado final del trabajo de muchísima gente.

—¿Cuál es su receta para volver a Primera?
—No soy nadie para dar recetas. Lo único que puedo decir es que todos debemos estar unidos y que todo el mundo sea consciente de la trascendencia que tiene para la entidad estar en Primera. Somos un club de Primera que circunstancialmente está en Segunda y que necesita volver a su hábitat natural.


—Se ha sentido agredido por las críticas de algún consejero actual hacia la antigua gestión?
—Si las críticas han sido motivadas por el concurso de acreedores, es evidente que es producto de una gestión en la que yo no intervine para nada. Todos sabemos que los propios administradores concursales dictaminaron los motivos por los que se llegó a la situación concursal. Yo me hice cargo del club en una situación muy grave. Intenté mejorarla, pero las medidas que se adoptaron fueron insuficientes para evitar el concurso. Visto el informe de los administradores, no puedo sentirme aludido en absoluto.