Los jugadores del Mallorca celebran un gol durante un partido. | Miquel Àngel Llabrés

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Una semana para definir todo un porvenir. Nueve meses después de que el balón empezara a dar vueltas, el Mallorca se asoma al final del camino con un montón de nubarrones encima. Colgando sobre un acantilado y en uno de los momentos más negros de toda la temporada desde el punto de vista anímico, el equipo de Javier Aguirre ha llegado a un punto en el que puede dejar totalmente resuelto su futuro en los próximos seis días, ya sea en una dirección o en la contraria. La escuadra balear, que visita este miércoles el Sánchez Pizjuán para enfrentarse al Sevilla (20.30 horas) y recibe el domingo al Rayo Vallecano en Son Moix (18.30 horas) se enfrenta también a la posibilidad de aterrizar en la última jornada sin aspiraciones de ningún tipo. En función de los resultados que consiga y de lo que hagan Granada y Cádiz podría quedarse ya sin opciones de salvación y certificar otro descenso a Segunda al acabar el fin de semana. Ese es ahora mismo el peor escenario al que se enfrenta una plantilla que pelea por recuperarse de la caída más fea de los últimos tiempos. En cualquier caso, también podrían darse otros supuestos muchos más complejos y amables, ya que si los baleares ganan estos dos próximos encuentros y sus rivales fracasan podría conseguir la permanencia de forma matemática antes de la última jornada, en la que abrochará el campeonato en el campo de Osasuna. Se avecinan días intensos, llenos de nervios y curvas.

Más allá de cábalas y elucubraciones, no llega bien el Mallorca a ese tramo en el que se decide todo. La fallida final por la permanencia en la que le atropelló el Granada ha dejado secuelas importantes en un grupo marcado por su fragilidad y su intermitencia. El famoso animómetro de Aguirre saltó por los aires durante el partido en el que debía acelerarse el papeleo de la salvación y el conjunto bermellón es ahora mismo el principal candidato a acompañar al Alavés y Levante en su más que probable bajada a los infiernos. De hecho, el único objetivo de babazorros y granotas es llegar vivos al fin de semana y no precipitarse al vacío en la volcánica jornada que va a destaparse esta misma tarde.

Ya sin el control de sus pasos, al Mallorca solo le queda recopilar todo lo posible en los próximos dos encuentros y esperar que a Cádiz o Granada les fallen las piernas. El conjunto amarillo, con el que tiene ganado el golaverage, está a tres puntos de distancia. El Granada, con el que presenta un sonrojante 10-3 en los choques frontales, se encuentra a dos. Una distancia mínima que a estas alturas de la película y en el estado actual del vestuario parece sin embargo galáctica.

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El gran problema del Mallorca se ve frente a un espejo. El equipo, que en toda la segunda vuelta ha ganado cuatro partidos y todos en casa, debería vencer los tres próximos para disfrutar de ciertas garantías de éxito. Y si bien los dos últimos podrían resultar en cierto modo asequibles porque ni Rayo ni Osasuna tendrán nada en juego, el de mañana supone un desafío mayúsculo. El Sevilla necesita emitir el billete para la próxima Liga de Campeones en su estadio, donde solo ha perdido un partido —contra el campeón, el Real Madrid— y ha empatado otros cinco. La escuadra de Julen Lopetegui es la segunda mejor del campeonato en casa y tras dos empates seguidos ante su público, querrá ir un poco más allá.

En esa dirección, el Mallorca es uno de los forasteros más blandos de la Liga y el equipo del torneo que más tiempo lleva sin sumar un solo punto fuera de su estadio. Casi medio año en blanco amontona el conjunto insular a domicilio. Y desde que clavó su bandera en el Metropolitano a principios de diciembre ha hilvanado ya nueve derrotas consecutivas.

Pasos

Si el Mallorca hace los deberes, al menos en parte, al primer sitio donde deberá mirar es a Granada. Con la goleada enSon Moix el cuadro nazarí mantiene su dependencia en sí mismo, aunque aún necesita más. Solo el triunfo le vale en el esprint final para no tener que atender a marcadores externos. Hoy recibe el Athletic en el Nuevo Los Cármenes con el aval de su condición de invicto en los tres partidos que ha escenificado bajo el mando de Karanka. El Cádiz hablará el jueves frente a la Real Sociedad y aunque un triunfo le acercaría al cielo, una derrota puede bajarlo a la tierra.