LLuïsa y Xavier, con las camisetas de la final de Elche en 2003. | R.D.

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Xavier y Lluïsa Calafat son padre e hija y este próximo día 6 en Sevilla vivirán su cuarta final de Copa. Mallorquinistas de cuna, de sangre, de convicciones y de corazón. Su familia, muy numerosa, se ha reunido en una peña que supera los ochenta integrantes y que además de unir su mallorquinismo, también homenajea a Toni Calafat, que fue en su día directivo del Real Mallorca y que de una forma u otra, junto a su hermano Xavier, fue inculcando el mallorquinismo a toda la gran familia.
Ahora llega otra cita para la historia con la final de Sevilla frente al Athletic y allí estarán Lluïsa y Xavier como estuvieron en su día en Madrid, Valencia y Elche.

El Bernabéu fue la primera estación de ambos. «En esa final tuve mucho miedo. Tenía once años –relata Lluïsa– y por circunstancias tuve que ver el partido entre los aficionados del Atlético y sentía pánico. Yo era una niña, estaba ahí en una zona donde casi todo eran Atléticos», manifestaba. «Nos cruzamos con cerca de mil cuando llegamos y eso me creó un trauma porque jamás me había visto en esa situación», explicó.

«Mi mujer nos preparó camisetas rojas el día antes y yo le dije que mejor que no. Que donde nos ubicarían era mejor tratar de pasar desapercibidos. Teníamos esa sensación de jugar en campo contrario una final de Copa», recuerda Xavier. «Por las mañana visitamos a los jugadores al hotel, que estaba cerca de Colón y Angel Pedraza nos dijo que sería un partido difícil porque el equipo iba con gente muy joven y sin experiencia, pero al final pudimos ganar perfectamente», explicaba Xavier Calafat, que además en esa época era directivo. Esa plantilla estaba formada por grandes futbolistas. Uno de ellos era Miquel Àngel Nadal. «Tenía que firmar por el Barcelona y se jugó la pierna y demostró una profesionalidad extraordinaria. Había una plantilla muy competitiva y lo demostró en un partido donde todo estaba en contra», explicaba Xavier.

Lluïsa Calafat, junto a su padre Xavier, en la fina de Elche en 2003.

«Era inevitable que yo saliera mallorquinista de cuna con el referente de mi padre y ahora mi hijo Xavi, tiene la misma inquietud. Tras la primera eliminatoria me hizo prometer que si llegábamos a la final le llevaríamos. Y ahí estamos. Los primeros precios lo hacían inviables, después se rebajaron y podremos cumplir con su deseo. Sigue siendo una barbaridad de precio, pero estaremos los tres en Sevilla», explicaba Lluïsa. Para Xavier, «cada final es especial». «En Mestalla lo pasamos mal porque merecíamos ganar. Todavía siendo la puñada de lo que fue no ganar esa final porque el Mallorca lo merecía. Y en Elche lo vivimos con algo más de calma porque teníamos un equipo con Etoo como gran estrella», explicaba el padre de Lluïsa.

«En Valencia la gente nos aplaudía desde los balcones cuando regresábamos al puerto y eso fue emocionante. Nos gritaban que éramos los campeones y fue emocionante.», indicaba Lluïsa Calafat. A Sevilla viajarán a las tres de la tarde. «Confiemos en que no haya retraso y lleguemos a tiempo a vivir el ambiente antes de la final». La peña Toni Calafat desplaza unos cuarenta socios y vivirán con intensidad una jornada histórica. «Esta vez mi hijo Xavi es el que nos ha estirado a todos por su gran entusiasmo con este partido».

En la jornada de este martes todos los componentes de la peña, socios del Mallorca, tuvieron una mañana atareada adquiriendo las entradas para La Cartuja. Ya lo tienen todo preparado, los billetes, la entrada, las camisetas y lo más importante, la ilusión y las ganas de vivir otra final y hacerlo con el espíritu y el recuerdo inolvidable de Toni Calafat.