Dibujos de sa Llonja que manejaba Jovellanos. Joan Domenge y Daniel Crespo los hallaron en la Real Biblioteca y los incluyeron en el libro.

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El tiempo que el asturiano Gaspar Melchor de Jovellanos vivió prisionero en el Castell de Bellver, entre 1802 y 1808, resultó, pese al aislamiento al que le sometieron sus enemigos de la Corte, muy fructífero. El que aún se considera el intelectual más activo y completo de su tiempo dedicó las horas de encierro al estudio, especialmente de aquello que podía divisar desde la fortificación. Así, la arquitectura gótica de Palma se convirtió en uno de los principales objetivos de una investigación que le llevó a escribir media docena de estudios que nunca se publicaron y que ahora han reunido por primera vez en un volumen los historiadores del arte Daniel Crespo Delgado y Joan Domenge i Mesquida, éste último mallorquín y profesor de la Universitat de Barcelona.

El libro, publicado por Akal, mantiene el título original, Memorias histórico-artísticas de arquitectura, e incluye dibujos inéditos sobre los edificios analizados por Jovellanos, cuya realización encargaba a uno de sus secretarios, Manuel Martínez Marina. Así lo afirman Crespo y Domenge, quienes encontraron estos dibujos en la Real Biblioteca. Jovellanos escribió dichas Memorias entre 1806 y 1808.

Visión

La Catedral, sa Llonja, el Castell de Bellver, el convento de Sant Francesc y el hoy desaparecido de Sant Domingo constituyen el núcleo de estas Memorias que, según explicó a este diario Joan Domenge, aportan «una visión madura y pionera con respecto a los monumentos artísticos». Cabe recordar que el intelectual asturiano trabajaba «a distancia», sin salir de Bellver, con la ayuda de una red de colaboradores a los que enviaba en busca de información por archivos públicos y privados.

Sus secretarios, Martínez Marina y Domingo García de la Fuente, le servían de «puente» entre un grupo de aficionados a la historia y el arte que, «orquestados por Jovellanos», reunían los datos que él necesitaba. Domenge apunta que Jovellanos «intuye en qué archivos pueden encontrar la información», sabe guiarlos, y, riguroso, cuando «le llegaba algo que no le parecía fiable pide contrastarlo».

Porque el gran mérito del Jovellanos historiador del arte es poner en práctica un cambio en la investigación historiográfica. Si hasta entonces ésta partía de una mirada «subjetiva», basada en los datos, la suya incide en «los documentos y en el análisis de los monumentos». En este sentido, añade Domenge, Jovellanos «capta las inquietudes que transitaban por los caminos de la historia del arte en el resto de Europa y los amplía al estudio del arte español». De hecho, influye en la «revalorización del estilo gótico, que entonces no estaba de moda».

En el libro, ambos expertos también aportan su propio análisis de lo que representa Jovellanos en la historiografía del arte.