Es Rebost: las mermeladas artesanas de las mujeres payesas

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Margarita Pons, socia de la cooperativa junto a su hija Margarita, que se siente orgullosa del buen trabajo de su madre.

Margarita Pons, socia de la cooperativa junto a su hija Margarita, que se siente orgullosa del buen trabajo de su madre.

31-08-2017 | Gemma Andreu

Hay un dicho en nuestra cultura popular que reza distinto en castellano que en catalán, pero que viene a decirnos los mismo: perfume bueno viene en frasco pequeño o al pot petit hi ha la bona confitura. Es Rebost es la historia de una pequeña cooperativa de mujeres payesas que se han dedicado a elaborar mermeladas de forma natural y artesana durante más de dos décadas. Un trabajo más entusiasta que lucrativo, cocinado a base de recetas que aprendieron de sus madres y de sus abuelas, que siguen al pie de la letra desde sus pequeñas instalaciones en es Mercadal. Percibidos como producto gourmet, cada bote que preparan, envasan y etiquetan con sus propias manos de higo, de melón, de moras o de arrope, tiene un paladar conquistado.

Las tres socias cooperativistas que actualmente mantienen viva la producción siguen esperanzadas de poder seguir muchos años, aunque reconocen que no les queda demasiado tiempo.

ORÍGENES. Fue un viaje organizado por Unió de Pagesos de Menorca a Vilanova de Bellpuig, en la provincia de Lleida, lo que despertó el interés por elaborar y comercializar mermeladas a una serie de mujeres payesas que, hasta la fecha, se dedicaban a ayudar en sus propios llocs. La idea surgió después de visitar una conocida empresa familiar dedicada a la producción y elaboración de zumos y conservas vegetales de cultivo ecológico bajo la marca Cal Valls. En la visita a sus instalaciones se dieron cuenta del buen aprovechamiento que hacían de su producción agrícola, haciendo confituras con la fruta que no se comercializaba.

Con este ejemplo volvieron a es Mercadal y decidieron organizarse para empezar a elaborar mermeladas con la fruta de sus explotaciones. Las fundadoras de Es Rebost fueron Maria Jesús Vinent, María Marquès, Pilar Pons, Tònia Moll y Marga Llambías, todas ellas mujeres payesas de fincas situadas en Ferreries, Alaior y es Mercadal que hasta la fecha no habían tenido nunca un negocio propio, pero que acudían a los mercados locales a vender los productos de su huerta. Tras los trámites iniciales en la constitución de la cooperativa y la obtención del Registro Sanitario, se situaron en un pequeño local en pleno centro de es Mercadal donde se acondicionó el espacio para todas las fases de la elaboración.

“No pretendíamos hacer nada extraordinario sino, simplemente, trabajar a partir las recetas que habíamos aprendido en casa de nuestras madres, cuando hacían mermelada casera sin conservantes ni ningún tipo de aditivo que no fuera el azúcar”, explica Margarita Pons, hermana de una de las fundadoras y socia de la cooperativa desde hace cuatro años. Dos días por semana ponían en marcha los fogones con la fruta recibida, que una vez lavada, cortada y convertida en mermelada, envasaban y etiquetaban en los botes previamente esterilizados al baño maría. Durante los primeros años, ellas mismas se encargaban también de venderlas posteriormente en los mercados agrarios que tenían lugar en el municipio, hasta que el volumen de producción les aconsejó que se pusieran en contacto con una distribuidora que pudiera hacer llegar sus productos a toda Menorca.

PRODUCTO ESTRELLA. La Cooperativa Es Rebost tiene desde hace diez años sus instalaciones en uno de los edificios del recinto del antiguo cuartel de artillería de es Mercadal, de titularidad municipal, cuando el Ministerio de Defensa se lo vendió a la corporación local. “El ayuntamiento nos proporcionó un local que nosotros acondicionamos y en el que pudimos invertir para disponer de una cocina industrial, que nos permitía ampliar nuestra capacidad de elaboración, así como un mejor espacio de trabajo y almacén”, explica Margarita Pons. Este nuevo local hizo que pudieran no solo trabajar mejor sino hacer líneas de producción más largas, lo que contribuyó a que estuvieran más presentes en los lineales de las tiendas y supermercados de la isla, gracias al acuerdo con una distribuidora que se encarga del reparto. Sus mermeladas más vendidas han sido siempre las de figat (mermelada de higo), melón, calabaza y tomate, pero la variedad de fruta que tienen durante todo el año les lleva a producir de ciruela, naranja ácida, limón, mandarina, albaricoque, moras o melocotón, entre las más habituales.

Sin embargo, el producto estrella que antes de agota es su mermelada de arrope, cuyo sabor forma parte de la tradición más menorquina en el paladar de muchas generaciones. “Creo que si no eres de Menorca, no la conoces. Es una especie de miel untuosa hecha a base de frutas de final de otoño, como un sirope denso y muy dulce que acompaña a los buñuelos de Todos los Santos”, explica Margarita Pons. “La combinación de frutas que lleva el arrope hierven prácticamente durante todo un día entero y después de colarse con lienzos de algodón, como si embolsáramos queso, al día siguiente lo mezclamos con el azúcar hasta que queda espeso y consistente”, comenta Margarita Pons.

FUTURO. Hoy día son tan solo tres las socias cooperativistas que mantienen toda la elaboración, en un momento en el que su mermelada ha trascendido más allá de un alimento para convertirse en souvenir para turistas o exquisitez gourmet de origen local, que ofrecen los hoteles más distinguidos a sus huéspedes. “Para nosotras no ha sido nunca un modo de vida sino más bien una distracción que nos permitía ganarnos algo de dinero. Seguiremos hasta que el cuerpo aguante, aunque todas ya somos abuelas y cada vez resulta más pesado estar ocho horas de pie en constante movimiento. Ayer, por ejemplo, hicimos 400 mermeladas y llegué a casa reventada”, explica Margarita Pons. “Pese a todo, estamos muy orgullosas que se venda y que guste tanto. Cuando me dicen que han visto nuestros botes en Madrid o en Barcelona, casi no me lo creo, pero me emociona pensar que se acuerdan de nosotros”, añade esta cooperativista.

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