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La imagen de la infanta Cristina sentada en el banquillo de los acusados en el juicio del caso Nóos que ha arrancado en Palma este lunes es sin duda una de las portadas del año.

En la primera jornada del juicio se debate si aplicarle la doctrina Botín, gracias a la que saldría de la lista de acusados por cooperar en dos delitos fiscales de su marido, Iñaki Urdangarin, que se enfrenta a una petición fiscal de 19 años de cárcel.

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La Fiscalía no ha presentado cargos contra la infanta y solo lo ha hecho una acusación popular -Manos Limpias, que pide 8 años de prisión-, razón por la que podría salvarse del banquillo en el caso de que la sala decidiese aplicarle la doctrina del Supremo que en 2007 eximió al banquero de ser juzgado.

El tribunal se da cuatro semanas para resolver esta cuestión y antes de que reinicie el juicio el 9 de febrero se sabrá si la hermana del Rey tiene que volver a Palma junto a su marido y sentarse junto a los otros 16 acusados, entre ellos el expresidente balear Jaume Matas.