Pablo Iglesias con Dieguito, el hujio de Carolina Bescansa. | JUAN MEDINA

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Miembros de Podemos en Mallorca que conocen muy bien las tácticas de la cúpula de la formación en Madrid, califican en privado de «sobreactuación» y de «pose» el show protagonizado por sus diputados, con Pablo Iglesias a la cabeza, en la ceremonia de constitución del Congreso. Nada se dejó a la improvisación. Ni Dieguito, el bebé de Carolina Bescansa, ni el rifi-rafe que protagonizó Iglesias con Albert Rivera en una cadena radiofónica, ni la presión sobre el PSOE para que aceptase la creación de cuatro grupos parlamentarios podemitas para dar aire propio a catalanes, gallegos y valencianos. Iglesias sabía que el PSOE, así como Ciudadanos y el PP, se negarían. «Lo tenía previsto y calculado». De hecho, a ningún líder nacional le gusta subdividir su grupo porque eso le resta peso y protagonismo. Pero exigió esta división para quedar como un señor con las Mareas gallegas, la tropa de Ada Colau y Compromís. En la misma jugada se incluía «empujar a Pedro Sánchez para que pactase con Rajoy y Rivera y después tacharlos a todos de búnker».

¿Qué busca Iglesias con esta sobreactuación medida y pesada de antemano? Los podemitas mallorquines piensan que su objetivo es descolocar a Pedro Sánchez. «Pase lo que pase después, él será el ganador». Si Sánchez pacta con el PP le machacará por «haberse entregado a un partido corrupto». Si el líder socialista intenta articular un acuerdo con Podemos, «Iglesias se encontrará en una posición de fuerza ante un Sánchez descentrado». Y si el panorama son nuevas elecciones «habrá creado las condiciones objetivas para protagonizar el sorpasso y convertirse en jefe de la oposición dentro de unos meses». Para estas fuentes «las tres opciones son posibles. Habrá que ver cómo reacciona Sánchez, porque o encuentra una cuarta carta en esta partida de Juego de Tronos o con las tres primeras lleva siempre las de perder».

Los podemitas indican que «la dirección federal del PSOE no tiene cultura de negociación con un partido fuerte situado a su izquierda. Ese es su auténtico punto débil, que Iglesias piensa exprimir al máximo». Lo que no se sabe con certeza en estos momentos es cuál de las tres opciones es la preferida por Iglesias, «aunque con las tres gana, sea a corto, a medio o a largo plazo». Es una ley de la política clásica: moverse a tres bandas, las tres divergentes pero todas ganadoras.

En cualquier caso, parece seguro que Pedro Sánchez atacará con dureza a Mariano Rajoy cuando sea el primero en presentarse para ser elegido presidente del Gobierno. «Sin duda impedirá su reelección». Pero eso no excluye la creación de un tripartito PP-PSOE-C,s, con una solución a la catalana, la retirada de Mariano y un candidato de consenso entre las tres formaciones. Ante este dilema, Iglesias ya está preparando a su partido para convertirse en el sustituto del PSOE en el panorama político español, una jugada con sello griego que se mira con lupa incluso en Palma. ¿Cómo afectará todo eso a las correlaciones de fuerzas en numerosas autonomías y capitales? Esa es otra clave, pero en todo caso también coordinada para «debilitar y crear tensiones dentro del PSOE, en todas partes, pase lo que pase».