La dirigente de Càritas, Catalina Mateu en el transcurso de la entrevista que concedió a nuestro diario. | Jaume Morey

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Catalina Mateu admite que la demanda de la asistencia social se ha disparado y que están a punto de colapsar los servicios de las ONG de este sector, del cual Càritas es uno de los más representativos. Un dato: desde el inicio del estado de alarma, Càritas ha atendido 5.000 demandas; en todo el 2019 fueron 8.000. Las cifras dan cuenta de la gravedad de la situación.

¿Lo peor todavía está por venir ?

—No lo sé, el futuro es incierto. Creo que habrá dificultades, lo que viene no será fácil.

¿De qué estamos hablando?

—Desempleo, hambre, relaciones familiares rotas, ... El impacto social de esta crisis está siendo muy importante y todavía no sabemos cómo irá más adelante. Insisto, es difícil saber qué pasará.

¿Hambre en el siglo XXI y en Mallorca?

—Mire, hay gente que sí necesita ayuda para asegurarse una correcta alimentación. Muchas personas se ven obligadas a acudir a los comedores sociales o a los centros de distribución de alimentos; esta es la realidad.

Hay grupos sociales que desconfían, que dudan de esta descripción. ¿Qué les diría a los escépticos?

—Creo que en términos globales la sociedad es consciente de la magnitud de la crisis, y la verdad es que no me he topado con muchos escépticos aunque siempre hay quienes consideran prioritarias unas u otras actuaciones. De todos modos, el que no se lo crea que venga a Critas y sabrá qué es lo que hay.

¿Hay, por tanto, una Mallorca desconocida?

—Yo diría que se trata de una Mallorca que no es fácil de ver en según qué ambientes nos movemos. Las desigualdades entre ricos y pobres en Balears se ha acentuado, el año pasado éramos la tercera comunidad autónoma de todo el Estado.

¿En qué se diferencia esta crisis de la que vivimos a partir de 2008? Aquella también fue muy dura ...

—Hay un factor añadido que es muy importante, el de la salud. Por tanto, el punto de partida es diferente y, además, diría que la de ahora es más profunda y ha llegado de golpe; en tres meses ha habido una explosión de exclusión social.

¿Sirve de algo el ingreso mínimo vital?

—Creo que es una opción muy buena para aligerar la situación y creo que es positivo que se vincule a la situación económica de los beneficiarios. De todos modos hay que decir que hay colectivos que han quedado fuera y el papel de las autonomías es fundamental para corregirlo.

Supongo que le llegan comentarios sobre el fraude con este tipo de ayudas ...

—Nosotros, en Càritas, confiamos en las personas. Dicho esto, no creo que haya más fraude que en otros colectivos de la sociedad. Aceptamos el fraude fiscal y somos muy exigentes con los excluidos. Insisto, no es la tónica general de estas personas.

¿Hay personas que se están quedando atrás?

—Siempre la hay, es muy difícil dar respuesta a toda la demanda. En tres meses hemos atendido a 5.000 personas cuando el todo el año pasado atendimos a 8.000, y lo que vendrá.

¿Podemos considerar solidaria la mallorquina?

—En las actuales circunstancias hemos tenido muchas muestras de solidaridad de personas y empresas, que agradezco, pero las necesidades que ha generado esta crisis no se resolverán en dos días; por eso es muy importante que las ayudas se mantengan.

¿De verdad no cree que hay demasiadas ONG trabajando en la asistencia social?

—La cuestión es trabajar en red, el problema no es el número sino la coordinación, aunque debo reconocer que hay algunas organizaciones que prefieren ir por libre. Se trata de pensar en las personas y sus necesidades y no en la propia entidad. Debo reconocer que las ONG estamos saturadas por este golpe y todas vivimos momentos muy complicados y a punto de quedar desbordados. La demanda de asistencia social sigue siendo muy fuerte; primero fue de alimentación, luego de vivienda y ahora es de trabajo.

Un clásico: dar de comer o enseñar a pescar.

—Está claro, enseñar a pescar. Lo importante es la promoción de las personas. Hay que saber qué significa ponerse en una cola para recoger alimentos. La vida te cambia fácilmente de un lado a otro de la mesa, y asumirlo es complicado. Esta crisis ha tocado a muchas familias.

Un binomio maldito: emigración y racismo. No faltan quienes acusan a los extranjeros de todos estos males ...

—Nadie abandona su país porque quiere y el porcentaje de conflictivos es insignificante respecto al total. En cuando al racismo, sí me preocupa porque siempre culpabilizamos a los más débiles, hay muchos estereotipos y prejuicios que es complicado combatir. Se generalizan situaciones y esto es injusto. Cuando hay poco pastel es cuando empiezan los codazos.

¿A nivel personal cómo lo lleva ?

—Se tienen que tomar decisiones difíciles, tanto a nivel organizativo interno como de las personas a las que se atiende; ha sido muy estresante. También me preocupa el confinamiento de personas vulnerables en microviviendas y por el contrario, el agradecimiento de quien recibe una ayuda económica para no seguir dependiendo de las entregas de comida. De todos modos creo que la recuperación será larga y la exclusión no dejará de existir, hay colectivos a los que la mejora de la economía no les afecta.