Gente paseando por la playa de Can Pere Antoni de Palma en el mes de marzo con un crucero de fondo. | Jaume Morey

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Ni siquiera 2023, el año de los récords, supuso una diferencia para la temporada baja de Baleares. Pese a la eterna cantinela de la lucha por la desestacionalización, la realidad es que el Archipiélago continúa instalado en el mismo millón de visitantes internacionales que recibía hace 20 años entre noviembre y marzo.

El año pasado se cerró con 17,8 millones de turistas. Un máximo histórico cimentado, esencialmente, en el progresivo crecimiento de las llegadas en los meses centrales del año, especialmente tras la recuperación postpandémica.

El número de visitantes internacionales en lo que se considera propiamente temporada baja -del 1 de noviembre al 31 de marzo- fue de 1.049.833 personas. Se trata de una cifra ligeramente superior a la de 2004 (1,027 millones) e incluso rebasada por las registradas en 2005 (1,129 millones) 2007 (1,080) ó 2008 (1,092).

Es decir, que en las dos últimas décadas -hasta donde permiten rastrear las estadísticas de Frontur, primero difundidas por Turespaña y más tarde por el Instituto Nacional de Estadística (INE)- el volumen de llegadas del extranjero ha sido prácticamente el mismo.

Es cierto que el número de visitantes nacionales -procedentes de otras comunidades autónomas- ha conocido un leve incremento en los últimos 15 años, de en torno al 8 % (en 2023 llegaron a las Islas durante esos meses un total de 616.291 españoles), pero ese dato no es ni de lejos suficiente para constituir un cambio significativo.

La verdadera explosión de visitas experimentada en la última década empieza a ser realmente constatable en los meses de apertura y cierre de la temporada alta. Así, mientras que la temporada baja de 2007 fue levemente superior en llegadas a las de 2023, la comparación se cae por su propio pie a partir de abril (un 76 % más de llegadas) y aún más en octubre (un 106 % más).

Conclusión: la temporada alta ha adelantado su inicio y ha postergado su cierre. O si se prefiere, ha optimizado sus cifras tanto en el arranque como en la clausura.

Los turoperadores alemanes ya confirmaron en la Feria Internacional de Turismo de Berlín (ITB) que el buen comporta miento que muestra la demanda del país hacia Baleares está permitiendo despegar antes. Además, la oferta está acompañando con una buena conectividad y con destacados eventos en destino de carácter deportivo o cultural. La planta hotelera también mejorará los porcentajes de apertura con respecto al año pasado.

Otro salto espectacular es el del tercer trimestre, de julio a septiembre, la parte central de cada temporada: se ha pasado de los 4,5 y 4,7 millones de visitas internacionales de 2004 y 2007 a los 6,8 millones en 2023, una subida de alrededor del 50 %.

Crecer en invierno, sin embargo, parece fuera del alcance de las Islas. Y tal vez sea mejor así. Esa es la opinión al menos del director de la Agencia de Estrategia Turística de Balears (AETIB) del Govern, Pere Joan Planes, que considera que a estas alturas parece poco realista trascender ese millón de visitas invernales que lleva todo este siglo planeando sobre Baleares.

«La conectividad aérea es baja y la planta hotelera abierta muy corta», señala para apuntar que ese sea probablemente un reflejo de una demanda que simplemente no da más de sí para esos meses. En caso contrario, el sector no perdería esa oportunidad negocio. «Quizás sean meses de reposo que ya nos van bien, para recuperar infraestructuras y hacer obras de mejora que no coincidan con el inicio de temporada. Hay que ser realistas y prudentes», asevera Planes.