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A Antonio Espinosa (Sevilla, 1990) le cambió la vida cuando, de joven, fue misionero en países como Perú, Camboya y Etiopía. Estas experiencias fueron las semillas de lo que hoy ha conseguido: una empresa solidaria, AUARA, que desarrolla proyectos para llevar agua potable a los países y comunidades más vulnerables y pobres del mundo.

La idea surgió en 2015 y dice que «ha sido una historia larga y bonita», pero también con retos y dificultades que, en lugar de rendirse, le han hecho más fuerte. Antonio es arquitecto y empezó a hacer realidad esta empresa durante sus misiones. «En Etiopía, mientras ayudaba a construir un hospital en una región de un millón y medio de habitantes, vi situaciones muy duras: gente con problemas de salud, muertes por deshidratación o malnutrición infantil. Todo, porque no tienen agua potable. El agua está detrás de los problemas que llevan a la gente, principalmente, a ser hospitalizada en esos países», rememora. Antonio explica que hay poblaciones africanas que caminan hasta seis kilómetros para buscar agua, sin contar las épocas de sequía.

«AUARA comenzó como una startup con tres socios. Nos pasamos un año largo trabajando por las noches, mientras en esa época estudiaba en la universidad, para hacer esta empresa realidad», explica Antonio sobre los inicios.

Proyectos

Para recibir ingresos, AUARA vende su marca a diversos accionistas. Todos los beneficios van directos a proyectos de agua sostenible. Hasta la fecha, han conseguido llegar a 23 países de África, Asia, Centroamérica y Sudamérica. En esas regiones, han proyectado desde pozos de bomba manual y eléctrica hasta sistemas de canalización de agua o captación de agua de lluvia. Todo ello, con la ayuda de entidades locales.

Para Antonio Espinosa, no todo es de rosas: «Hemos tenido problemas con guerrilleras hasta brotes de cólera». ¿Qué sería el aprendizaje que saca de toda su experiencia y el mensaje que lanzará en el congreso? «El consejo que daré es que los jóvenes salgan de su burbuja porque fuera hay un mundo con millones de personas sin baño, sin agua y en pobreza extrema. Y ante todo, el aprendizaje es que yo intento vivir agradecido».