Ana Salazar, conductora en la línea 1 de la EMT. | Jaume Morey

TW
89

Los horarios en los que la dirección de la EMT de Palma calcula que un autobús debe realizar el recorrido completo de una línea son irreales, no contemplan los imprevistos y casi nunca llegan a tiempo a las paradas por lo que al final del trayecto apenas tienen tiempo de descansar, estirar las piernas, fumarse un cigarrillo, hacer una llamada o ir al baño. Esta es una de las quejas y motivos de estrés para unos conductores que llevan un vehículo muy grande en una ciudad saturada de coches y de personas, que además ahora ofrece la gratuidad del servicio.

La política de empresa no ayuda, pues pese darles las vacaciones fijadas, apenas les dejan cogerse los días de permiso cuando los solicitan. Les dan los turnos de trabajo con apenas cinco jornadas de antelación y la conciliación es difícil. Y a todo esto hay que sumar el descontento de la ciudadanía que ve pasar de largo los buses completos, no puede confiar en los horarios facilitados o no entiende el funcionamiento de la EMT: «La gente nos machaca por una mala gestión de la empresa».

En este reportaje, hablan algunos conductores de la empresa municipal, en la que las cifras de absentismo están alcanzando picos del 15 % de la plantilla. En gran parte, aseguran todos ellos, por el estrés y la ansiedad que les genera ser el rostro visible de una compañía que no funciona bien. «Se te ponen delante y te golpean el cristal, dicen que no se mueven si no les abres», explica David Gutiérrez. «El otro día me enseñaron el dedo, se te ponen agresivos».

David Gutiérrez, Gabriel Blanco y Carolina Bernabé.

«Yo llego al final de la línea y tengo a 15 personas en la puerta. Les digo que, por favor, tengo que ir al baño, pero al entrar ya te critican todos porque te tomas un descanso», explica Carolina Bernabé. Sólo lleva dos años en la empresa, la justifica Ana Salazar, quien advierte de que «yo me voy al baño y hago mi descanso establecido por ley. Ella todavía no ha llegado a eso».

Ana se rompió al poco tiempo de empezar en la EMT. Explica que iba por la calle Aragó y una señora fue a meterse en su autobús cuando ya cerraba las puertas. «Me dijo que me iba a arruinar la vida, que me iba a dejar sin trabajo, incluso a cortarme el cuello», explica ahora. «Tuve un ataque de estrés. Me quedé bloqueada, sin poderme mover. Me tuvieron que sacar del bus rígida, llevarme a la Mutua y ponerme pastillas debajo de la lengua. Estuve de baja cuatro días porque me petó la cabeza», añade. «No podía asimilar el odio hacia mí de alguien que no me conocía de nada, con esa agresividad. Fue un impás. Ahí dije: Se acabó, mi salud va por encima de todo. Esta gente no es mi familia, no está en mi vida».

Para hacer un buen uso del autobús público lo principal es entender cómo funciona. «Vosotros esperáis y yo llego; no llego y luego vosotros venís, eso es un taxi y hay que diferenciarlo», explican estos conductores.

«Es que cuando entras en el bus es como si entrases en mi casa, tienes que respetarme», indica Carolina Bernabé. «Hay un orden y si no se cumple, que bajen. Por ejemplo, no se puede comer en el autobús pero la gente lo hace. Me dejan todo lleno de pipas y luego que si los buses están sucios, es que no los cuidáis...», añade. «Algunos van con la música a todo volumen ¿tú te imaginas 25 móviles sonando a la vez? A mí me vuelven loca. Ojalá pudiera llevar cascos pero no puedo», prosigue.

Carolina ha salido llorando del trabajo esta semana. Terminó en Urgencias por la migraña que le provocaron los nervios. «Hacía calor en el bus y la gente se queja. Les entiendo pero tengo que seguir un protocolo ¡si yo me paso ocho horas ahí!».

Noticias relacionadas

Siendo conductor de la EMT «tienes que estar pendiente de la carretera, del que camina, del que pasa la tarjeta, del que te pregunta… parece que no pero debes estar concentrado todo el rato de forma exagerada».

Todos los consultados entienden el enfado de los usuarios cuando llegan tarde, cuando no llegan o cuando van completos. Este año, además, la situación ha empeorado por la gratuidad del bus. Calculan que los usuarios han crecido un 40 % desde la época de prepandemia y la empresa no está preparada para abarcarlo.

Ana Salazar exige cambios en una EMT que se gestiona igual ahora, con más de 800 trabajadores, que hace 15 años cuando eran un centenar. ​

«¿Qué hacer para que funcione? Hay que apostar por la empresa, como en Madrid. Hay que meter más vehículos, reforzar todas las líneas, poner un tiempo de servicio más real y hacer una gestión eficiente». David Gutiérrez lo tiene claro. «Llevo siete años pero desde que entré ha ido a menos».

Gabriel Blanco, un compañero suyo, asiente: «La empresa ha jugado a darte 30 minutos de recorrido y cinco de descanso pero cuando llegas al final de línea ya vas tarde y así se consume tu tiempo», explica.

Los conductores avisan de que los horarios que impone la EMT se quedan cortos en la mayoría de las líneas, no se cumplen, «eso genera estrés al conductor porque ya va a 15 minutos de frecuencia, no a 10, y eso repercute en el usuario con malas caras e insultos. Al final es una rueda y muchos compañeros no aguantan el nivel de estrés», incide Gutiérrez.

Hasta hace unos meses «en vez de haber 5 buses en una línea con frecuencias de 10 minutos, había 2 y la frecuencia subía a 30 pero esto se tapaba y ahora sale a la luz», añade. Con el cambio de gobierno en Cort se respira un nuevo talante, aunque está por ver si dará frutos. Lo que sí aclaran es que «no se han quitado servicios de la calle, se han ajustado los que había a la realidad». De esta manera, el bus sigue teniendo carencias pero la gente está bien informada, señalan.

¿Y por qué hay menos frecuencias de un tiempo a esta parte? Según los conductores, de la flota de 180 autobuses había una media de 80 o 90 en reparación. El tiempo de espera era prolongado porque se acude a hasta siete talleres externalizados en los que el bus no es una prioridad.

Los trabajadores piden que se apueste por el taller propio, con más mecánicos y mejor formación y de momento es lo que ha hecho Cort que ha conseguido reducir a 60 los coches en mantenimiento y recuperar más dispositivos en la calle pero este trayecto es largo y enrevesado.

El apunte

Pasar la tarjeta contabiliza al usuario y asegura en accidentes

Los conductores de la EMT coinciden en señalar que la gente es reticente a pasar la tarjeta cuando «si tengo un accidente ¿quién creen que responde? Hay que pasarla porque te cubre el seguro. Además es un contador de personas», indican. Admiten que muchas veces hacen la vista gorda «porque si no todo el día discutiría». Explican que pasan familias enteras y sólo tica la madre o grupos de adolescentes más conflictivos a los que no se quieren enfrentar. Opinan que una de las medidas que ayudaría sería una oficia de información que diera instrucciones, aclarara normas, o que resolviera las dudas de muchos de los usuarios.