El papa Benedicto XVI recibe del embajador Francisco Vázquez un obsequio del Gobierno español.

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EFE-EL VATICANO
La supremacía de la familia tradicional frente a otras «formas diferentes» y la exigencia de que la enseñanza de la religión católica se imparta «en condiciones equiparables» a las otras asignaturas, marcaron el discurso que el Papa dirigió ayer al nuevo embajador de España ante la Santa Sede, Francisco Vázquez.

«Por eso la Iglesia proclama sin reservas el derecho primordial a la vida, desde su concepción hasta su ocaso natural, el derecho a nacer, a formar y vivir en familia, sin que ésta se vea suplantada u ofuscada por otras formas o instituciones diversas», afirmó el Papa.

Tres meses después de que el Vaticano le diera el placet, Vázquez, de 60 años, presentó a Benedicto XVI sus cartas credenciales.

Todas las miradas estaban puestas en el discurso del Pontífice, teniendo en cuenta las duras palabras que dirigió Juan Pablo II cuando recibió al anterior embajador, Jorge Dezcallar, ante el que arremetió contra la aprobación de los matrimonios entre homosexuales y otras medidas sociales aprobadas por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Benedicto XVI, en un discurso que preanuncia lo que dirá durante su próxima visita a Valencia, el 8 y 9 de julio, recordó la «gran vitalidad» que la Iglesia ha tenido «y tiene» en España, las raíces cristianas del pueblo español y el compromiso adquirido en la defensa y la promoción de los derechos humanos.

Con esas palabras, de manera indirecta, condenó el aborto y la eutanasia, así como los matrimonios entre homosexuales y las parejas de hecho.

Benedicto XVI agregó que, a ese respecto, el V Encuentro Mundial de la Familia, que se celebrará en Valencia y al que irá «con ilusión», le permitirá «celebrar la belleza y la fecundidad de la familia fundada en el matrimonio», su altísima vocación y su imprescindible valor social.