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Las mujeres sufren una múltiple discriminación a la hora de entrar en el mercado laboral, al sumarse a la barrera sexual otras como la edad, la situación familiar, la discapacidad, la condición de inmigrante o la etnia, según un estudio realizado por la Fundación Salud y Comunidad.

Basado en entrevistas a mujeres, empresas e intermediarios laborales, el informe muestra cómo la situación se agrava para las mujeres que son madres de familias monoparentales, ya que las empresas exigen dedicación, flexibilidad y disponibilidad y esos requisitos generalmente se asocian al rol tradicional masculino, en el que la persona funciona independientemente de la vida familiar. El estudio se enmarca en el proyecto de la Fundación «Promoción de una cultura laboral no discriminatoria».

Su responsable, Dara Ljubojevic, destacó que el objetivo principal es, además de sensibilizar a las empresas, tratar cada caso en su contexto y buscar la solución más conveniente a las características de la mujer, no una planteamiento general.

Según apuntó, el trabajo realizado constató que «a lo mejor no es posible superar todas las barreras, por lo que algunas hay que ignorarlas, mientras que contra otras sí que se puede luchar».

Las entidades de inserción laboral, añadió Ljubojevic, son conscientes de la citada discriminación, aunque sienten que tienen poco margen de acción para influir. Así, los procesos de selección de candidatos siguen perpetuando la desigualdad de oportunidades entre los diferentes ciudadanos, dejando a determinados colectivos en clara situación de desventaja.