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De un tiempo a esta parte se está hablando mucho de la intervención del artista José Luis Mesas en la fachada del hotel Artmadams. Han sido muchos quienes han salido en defensa de este hombre, y casi ninguna crítica. Es hora de poner los puntos sobre las íes porque aquí todo el mundo opina de arte y se escudan en la libertad de expresión para defender lo indefendible, y esto es que el tal Mesas, en principio no solicitó permiso para pintarrajear la fachada. ¿Que el Ajuntament de Palma se dio cuenta del desaguisado más bien tarde? Por supuesto, pero ya estamos los ciudadanos acostumbrados a estas faltas de defensa de los de a pie, que sorteamos basura, baches y grafitis a diario. El tema es que la libertad de expresión no consiste en pintar lo que uno quiera, sino en no agredir a otros, y a mí, sinceramente, lo hecho por Mesas me agrede la vista.

Luego ha venido toda la patulea de derechas a defender al creador, no porque les guste, sino porque detestan a un Consistorio de mayoría de izquierdas, léase PSOE, Més y Podemos. De ahí la presencia estelar de Norma Duval, la que fuera musa de José María Aznar, aunque ya con unos años de más y unas operaciones estéticas que la superan.
Mesas se hizo popular al lanzar una ensaimada y un cuadro al papa Francisco cual nuevo Ali Agca, y que hasta el mismísimo Papa no sabía si ponerse la ensaimada por sombrero y el cuadro por muleta. Nada parecido a cómo fueron recibidos de forma elegante en el despacho papal los artistas Carlos Prieto o el cubano José Javier Ávila, que es como deben ser atendidos los artistas. Pues eso.

Ahora se escuda Mesas en si el Ajuntament lo ha multado por ser gitano, y eso me recuerda a la típica excusa de los afroamericanos diciendo que eres racista por decir que son negros.

Mal vamos cuando artistas de medio pelo vomitan y sacan de dentro toda su mediocridad y el Ajuntament aprovecha su ineficacia para, sin haberlo impedido antes, dejar que se siga ensuciando las fachadas. Vamos, que no estamos ante Bansky...