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La guerra Ucrania-Rusia sigue sin visos de fin. Es una contienda cruel y dolorosa para ambos bandos en conflicto. Se han realizado tres reuniones; la segunda al más alto nivel, en Turquía, sin ninguna conclusión propicia a terminar con las endiabladas condiciones por parte de Rusia, pretendiendo anexionarse Ucrania como hizo la URSS. Al caer el muro de Berlín, las repúblicas soviéticas recuperaron su independencia y la democracia de antes de la Segunda Guerra Mundial.

Por supuesto, las peticiones de ambas partes no dieron ningún resultado positivo debido a las exigencias rusas, que demandan el alto el fuego, sin contrapartida, además, de continuar los movimientos bélicos, destruyendo ciudades. Kiev está cercada por los tanques rusos y rodeada de lanzamisiles apuntando a la población civil, desesperada y sufriente, sin razón ninguna. Miles de ciudadanos pudieron salir a través de corredores abiertos, llegando a Polonia, a Rumanía y también a otros países europeos, prestos a recibir a mujeres, mayores y niños refugiados, que dejaron a los hombres para defender su país.

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Una inmensa tristeza se adueñó de todos por la separación de las familias que huyeron dejando sus casas destrozadas en pueblos y grandes ciudades. Dicen que los fallecidos en combate no llegaron a los novecientos, dudoso lo veo; otros calcularon seis mil los muertos del bando ruso, aunque también los ucranianos perdieron cientos. Los rusos han sido tachados de asesinos por el derribo y acoso de un hospital infantil y paritorios llenos de mujeres embarazadas que dieron a luz dónde pudieron. El ataque dejó la ciudad enfangada, sin agua ni electricidad ni leña; con temperaturas entre menos diez y menos cuatro grados. No tenían alimentos. Tres personas murieron en el hospital, entre ellos un niño, y diecisiete adultos, más unas 1.300 personas desaparecidas bajo escombros, congelados bajo la nieve.
Rusia será condenada por crímenes de guerra y por incumplir las leyes internacionales sobre altercados.

Pero eso a Putin poco le importa y no dará el alto el fuego hasta conseguir el exterminio total y hasta que él desaparezca. Pero continúan derramando bombas de racimo sobre ruinas deshabitadas, despedazadas, llenas de barrizal de metales, piedras y basuras. Quienes no escaparon se refugiaron en los metros subterráneos, queriendo dormir sin poder, por miedo, por niños asustados, llorando por frío y hambre, incomodidad y una espesa negrura. Agarrados a sus madres, introducen su cabecita entre los pechos de su ángel protector. Para siempre.