Un agente en la vía pública. | Alejandro Sepúlveda

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La Policía Nacional ha detenido a cuatro personas en Madrid, Cubelles (Barcelona) y Huétor Tájar (Granada) por proselitismo yihadista en redes sociales, de las que tres han ingresado en prisión por orden de la Audiencia Nacional, han informado a EFE fuentes policiales y jurídicas. Las fuentes consultadas destacan que la operación estaba programada desde hace tiempo, antes de que comenzase la actual guerra entre Israel y las milicias palestinas.

Tres de las detenciones se practicaron el pasado miércoles y la cuarta este jueves en Huétor Tájar (Granada) donde los efectivos de la Comisaría General de Información de la Policía Nacional arrestaron a un joven de 22 años por sus vinculaciones con el terrorismo yihadista a través de redes sociales. Además de esta detención en la localidad granadina, los agentes detuvieron en Cubelles (Barcelona) a otras dos personas y a una cuarta en Madrid. El titular del juzgado central de instrucción número cinco de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, ha decretado este viernes la prisión provisional para tres y libertad con medidas cautelares para el cuarto, en este caso el arrestado en Madrid.

Según informa la Dirección General de la Policía Nacional, los investigadores han constatado cómo estas personas, enlazadas a través de grupos cerrados de redes sociales, habían sufrido un proceso de radicalización. La investigación se inició en el año 2022, cuando los expertos en la lucha contra el terrorismo detectaron al denominado «Califa», el cual era creador y administrador de varios grupos en los que trataba de adoctrinar a jóvenes en el credo yihadista. El Califa dinamizaba a sus seguidores y creaba grupos privados a los que invitaba a los radicales con los que entablaba mayor confianza y en los que hablaban abiertamente de la causa terrorista.

El seguimiento de estos grupos permitió la identificación de otros miembros del mismo, todos ellos jóvenes, los cuales estaban interconectados entre sí, aunque no se conocían físicamente. Dos de ellos, estrecharon sus lazos y acabaron contrayendo matrimonio, contando para ello con la autorización del líder del grupo y comenzaron a vivir en el mismo domicilio. Esta nueva relación supuso un punto de inflexión en la investigación, ya que se detectó como ambos aumentaban exponencialmente su nivel de radicalización, grabando vídeos en los que reclamaban «derramar sangre para recuperar Al Andalus y restaurar el Califato».