Dedicación, trabajo y en algunos casos bastante creatividad para elegir o crear el disfraz para la fiesta de Halloween. | C. Castro

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A partir de la medianoche del domingo comenzaron a congregarse una gran cantidad de jóvenes, disfrazados de muertos vivientes, vampiros, brujas y personajes de alguna película de terror. Halloween es una fiesta que cada año tiene más aceptación entre los mallorquines, pocos saben la historia de esta tradicional celebración, poco les importa, pero participan de ella alegremente, alquilando trajes, utilizando horas en maquillaje y en algunos casos creando algún disfraz para la ocasión.
Los chicos eligieron a los conocidos en la pantalla grande: Jason, la momia, Fredy Cruger, Scream. Otros menos terroríficos iban de Alex, Georgie y Pete de la naranja mecánica, algunos de piratas, payasos, sacerdotes o calaveras. Las chicas, en cambio, a la hora de elegir su disfraz se decantaron por lucir un vestido de novia, pero con un maquillaje bastante tétrico. También había brujas, mariposas y las inevitables, pero sexys, policías y enfermeras. Brindis, risas y fotografías para el recuerdo de esa noche.
Posteriormente, los jóvenes se trasladaron a la zona de clubes, bares y discotecas del Passeig Marítim. En ellos se podía apreciar una decoración muy adecuada para la fiesta de Halloween, con luces bajas, telas de araña y sus trabajadores luciendo sus mejores disfraces.

Cerca de las 03.00 de la madrugada las discotecas y bares estaban llenos. A medida que pasaban las horas, los personajes de ficción, héroes y villanos, perdían fuerza, las brujas emprendieron el vuelo, el maquillaje comenzaba a desaparecer, pero la alegría y el buen ambiente continuaban. Ya no importaba mucho el origen de la fiesta. Sólo importaba pasarlo bien, disfrutar de la compañía de los amigos y bailar al son de la electrónica, pop o rock. Noche de Halloween, noche de brujas, noche de terror, nada de esto se vio, al contrario, mucha alegría en una fiesta que duró hasta el amanecer.