Este fragmento de un capítulo de la obra de Clara Stinnes titulada En auto a través de los continentes, nos traslada a un hecho de singular aventura. El 25 de mayo de 1927, la citada joven alemana, iniciaba su proeza de recorrer en automóvil 49.239 kilómetros por las rutas que pasaban por Estambul, Angora, Damasco, Bagdad, Teherán, Tiflis, Moscú, Ulan Bator, Pekín, Tokio… Con muchos exotismos, exploraciones, raras costumbres, en aquellos tiempos. Decía: «Siempre he sentido la atracción de lo desconocido, de las vastas estepas, de los bosques impenetrables, de las cumbres eternamente nevadas y de las montañas augustas y desiertas... En mi fantasía ocupaban todos los lugares, desde pequeña, el viejo Shatterhand, el noble apache Winnetou, la hermosa princesa Gudruna y el protervo anciano Hildebrando. Mis juguetes, los días de lluvia, eran soldados, cañones, castillos y trenes…».
Volviendo a lo anterior, por tierras del nordeste, ponemos los ojos en ese lechazo al horno, cuya receta, para cuatro personas, es como sigue: Cortamos la carne de lechón, dos kilos, en cuartos y lo colocamos en una cazuela o fuente de barro, como es natural, resistente al fuego. Lo salamos por ambas caras. Si el horno es de leña, la cosa es más tradicional y de mejor gusto. Lo calentamos a una temperatura más o menos intensa. Espolvoreamos la carne con hierbas aromáticas, sin pasarnos y lo metemos en el horno. Dejamos que pasen tres cuartos de hora. Giramos y revolvemos la carne y la regamos con un vaso de agua y un par de cucharadas de zumo de limón colado. De este modo, el lechazo se va haciendo cocido en su propio jugo. Lo tenemos al fuego media hora más y ...listo.
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