Liga de campeones

El Mallorca pierde en Split (1-0) un partido que acaba con incidentes

El grupo de Krauss cede por la mínima ante el Hajduk y mantiene en el aire su acceso a la Liga de Campeones

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Olaizola, que fue agredido, rodeado por efectivos policiales. Foto: JOAN TORRES

Olaizola, que fue agredido, rodeado por efectivos policiales. Foto: JOAN TORRES

TOMEU TERRASA

1 HAJDUK SPLIT: Pletikosa; Botorovic, Vukovic, Stimac, Djolonga, Rendulic; Andric, Musa, Carevic; Deranaja y Bilic.

Cambios: Srna por Botorovic, Vejic por Vukovic y Misé por Deranaja.
0 REAL MALLORCA: Leo Franco; Olaizola, Fernando Niño, Nadal, Fatih; Novo, Engonga, Marcos, Ibagaza; Etoo; y Luque.

Cambios: Riera por Fatih y Carlos por Engonga
Arbitro: Alain Sars (Francia). Amonestó con tarjeta amarilla a los visitantes Fernando Niño, Fatih, Olaizola y Marcos. Expulsó por doble amonestación a Carevic (m.92) y con roja directa a Rendulic (m.47).
Gol: 1-0, m.20: Bilic, con un magistral lanzamiento de falta.
Incidencias: partido de ida de la tercera ronda de la fase previa de la Liga de Campeones disputado estadio Poljud de Split ante unos 25.000 espectadores.

El Mallorca ardió en el infierno croata. El Poljud Stadium cumplió con la expectativa y las 50.000 almas presentes llevaron en volandas a un Hajduk que en algunos instantes puso al cuadro de Krauss contra las cuerdas. Sólo la providencia y Leo Franco evitaron una masacre en el primer asalto hacia la Champions, un episodio que nada tuvo que ver con el idílico Molde. El Hajduk salió a cumplir con el guión. Limitados, pero luchadores hasta la extenuación. Así se mostraron los pupilos de Nemed Gracan. Por su parte, el Mallorca saltó a la hierba agarrotado, y casi sin tiempo para situarse, Bilic ponía a prueba en el primer minuto a un Leo Franco que empezaba su recital con una espectacular intervención. La grada se calentaba aún más y el Mallorca se veía sumergido en el miedo escénico de Split.

Tan sólo en contadas oportunidades, y en acciones del todo aisladas, el cuadro rojillo daba señales de vida. Con un Fatith perdido y desubicado y una defensa que hacía lo que podía, Alberto Luque lo probaba, y a punto estuvo de sorprender a Pletikosa. Su remate se iba al lateral de la red, y dejaba patente que en defensa, el Hajduk era poca cosa. Poco a poco, el Mallorca fue ganando terreno, una labor que pronto se desmoronaría por si misma. El Hajduk volvió a pisar el acelerador, y como muestra, como no, Bilic, firmaba un lanzamiento de libre directo de esos a los que los guardametas nunca pueden llegar. Leo Franco veía impotente como el esférico perforaba la escuadra y hacía estallar el jolgorio en unas gradas en las que sólo unos pocos valientes en toda regla seguían creyendo en el grupo mallorquinista. Resucitó el Mallorca por mediación de Ibagaza. La falta de entendimiento entre Pletikosa y su defensa tras un lanzamiento de falta del argentino fue un avance de unos instantes en los que se hizo el silencio en Split. . Corría el minuto 39 y la historia parecía querer hacer otra zancadilla al equipo balear. Al filo del descanso, Franco volvía a salvar los muebles ante Bilic. La bregadora anarquía croata le valía al Hajduk para marcharse al vestuario con una ventaja que hacía albergar esperanzas.

El segundo acto sirvió para demostrar que el Hajduk tiene poco fuelle. Los de Gracan sufrían el primer revés a poco de echar a rodar el balón. Samuel Eto'o ganaba metros y Rendulic, que ya estaba amonestado, se veía obligado a frenarle en posición franca. Alain Sars no lo dudaba y le señalaba el camino del vestuario. Con diez, el conjunto croata certificó su defunción. Miquel Àngel Nadal puso la primera piedra de una reacción que Albert Luque estuvo a punto de apuntillar. El punta catalán, dentro del área pequeña, no supo rematar una medida asistencia de un Àlvaro Novo que tuvo en sus botas la ocasión más clara. El cordobés se plantó ante Pletikosa, que frustraba la que pudo ser la acción del empate. Acto seguido, un servicio de falta de Ariel Ibagaza era desaprovechado por enésima vez por un Luque que parecía no tener su noche.

A Krauss le emergía un nuevo problema. Vicente Engonga era substituido por Carlos Domínguez en una apuesta ofensiva en un momento que se debía aproverchar. Se resistía el gol. Por contra, Carevic lo probó de la única forma que parecía que el Hajduk podía hacer diana, a pelota parada. Esta vez no funcionó la estrategia. Era la hora de Riera. El de Manacor se estrenaba en Europa y el equipo buscaba un premio que no llegaba. A la deseperada lo probaba el grupo de Krauss, mientras el rival especulaba y buscaba un golpe de fortuna como les gusta, aprovechando los errores del rival.

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