José Carlos Nunes, Sergio Ballesteros y Angelos Basinas celebran el primera gol del Mallorca. Foto: MONSERRAT

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Cuatro meses y cuatro días después, el Mallorca encontró la salida del laberinto. Apoyado en la rabia de sus centrales, el talento enorme de Ibagaza y una versión ligeramente mejorada de Juan Arango, el grupo de Manzano halló la senda del triunfo en casa por segunda vez en todo el campeonato. Fue superior en todo. Se adueñó del balón desde el primer minuto, llegó al descanso con dos goles y 13 córners en sus alforjas -botó 18 en total, todo un récord- y entregó una tarjeta regada de ocasiones.

Aún así, a pesar de marcharse al descanso con todos los deberes hechos, de haber convertido en inservibles a los hombres básicos del Recreativo, el equipo isleño se complicó la vida en el segundo acto tras el gol de Juanma y la expulsión de Ballesteros y acabó encerrado en su área en los diez últimos minutos y pidiendo la hora (2-1).

Más allá de los tres puntos terapéuticos, de una victoria que le permite alejarse de las cloacas de la clasificación, de la recuperación de tipos como Arango o Basinas, en el transfondo del duelo se adivina por fin un esquema definido, un once tipo y un estilo de juego. Aparcados los experimentos con gaseosa y las rotaciones constantes, el técnico abre la segunda vuelta del torneo con sus cartas marcadas.