Mesa redonda protagonizada por mujeres que han superado el cáncer de mama, organizada por la AECC y moderada por la psicooncóloga Cristina Flor, con motivo del Día Internacional de lucha contra el cáncer de mama | AECC

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La Asociación Española Contra el Cáncer Valencia ha advertido del impacto económico, social y psicológico que tiene el cáncer de mama, que cada año afecta a 3.654 mujeres en la Comunitat Valenciana, y que provoca que 2.600 valencianas pierdan ingresos cada año y en torno a un 20% se encuentren en una situación de «extrema» vulnerabilidad social.

Esta radiografía actual ha sido presentada por la AECC este miércoles, con motivo del Día Internacional de lucha contra el cáncer de mama, y de la mano del doctor y vicepresidente de la Asociación, Antonio Llombart; la psicooncóloga, Cristina Flor; y, como cara visible y una de las supervivientes de esta enfermedad, Inmaculada Herrero.

Así, desde la AECC han señalado la importancia de un diagnóstico precoz, de la prevención y la promoción de la salud, así como también de la necesidad de prestar atención a «la realidad de muchas mujeres supervivientes de cáncer de mama que, posteriormente a la enfermedad se enfrentan a la vuelta a la realidad», según ha apuntado Flor.

En este sentido, el informe 'Toxicidad financiera del cáncer de mama', elaborado por la asociación a nivel nacional, pone de relieve que una de cada tres mujeres que ha pasado un cáncer de mama va a perder su empleo y muchas de ellas van a ver mermadas su poder adquisitivo.

«Muchas mujeres, por las secuelas que han vivido durante la enfermedad y los tratamientos, tienen que incorporarse a una realidad en la que se ven desbordadas, incluso algunas ya tenían una precariedad laboral asociada antes del diagnóstico», ha advertido Flor.

En este sentido, una de las demandas hacia el sistema sanitario

--según ha explicado Flor-- es una «mayor trazabilidad en el paciente oncológico, mucho más allá de los tratamientos, durante la supervivencia y durante los primeros años».

"Más allá del apoyo médico, que es fundamental, una vez entran

--las pacientes-- en una fase de supervivencia se sienten con una sensación de vértigo, como abandonadas, y ahí estamos nosotros --la AECC-, pero es cierto que debería de existir un círculo de orientación, de apoyo, a nivel nutricional, de actividad física o también de acogida y terapia familiar", ha expresado.

Un coste de 42.000? para cada familia

Asimismo, según el informe citado, el cáncer de mama supone 42.000 euros extra para cada familia, sumando gastos médicos, gastos farmacéuticos y los ingresos perdidos de pacientes y familiares que les atienden debido a reducciones de horario, bajas o desempleo. Este dato, en la Comunitat Valenciana se traduce en 2.557 mujeres con menos recursos anualmente.

«Tememos que el impacto de la enfermedad se agudice y nos preocupa especialmente las mujeres de entre 55 y 64 años -el perfil más vulnerable- que están desempleadas, son autónomas o, si continúan en activo, tienen un salario por debajo del mínimo interprofesional. Todas ellas representan el 20% de las personas con cáncer que se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad en nuestra autonomía», según explica Laura Mora, trabajadora social de Contra el Cáncer Valencia, y se recoge en un comunicado de la AECC.

Impacto emocional y afectivo-sexual

Flor ha subrayado la «gran batalla interna» que sufren las mujeres diagnosticadas con esta enfermedad, así como las que ya la han superado. En este sentido, ha destacado la necesidad de «ayudarlas a gestionar todas esas vivencias colaterales de haber pasado por la enfermedad», que pueden repercutir en un «cierto rechazo a retomar la vida sexual o afectiva» o problemas de autoestima.

En el caso de la Comunitat Valenciana, según la AECC, 1.827 mujeres requieren de atención psicológica especializada cada año, mujeres, en su mayoría, de 75 años o más.

«El cáncer de mama provoca problemas asociados a las relaciones personales, la autoestima y la sexualidad. En concreto, destacan las secuelas del tratamiento quirúrgico: hasta el 55% presentan distorsiones en su imagen corporal como consecuencia de la intervención. El 60% han sufrido sintomatología depresiva y hasta un 70% han presentado ansiedad por el miedo al futuro y a las recaídas», ha asegurado Flor.

Evolución en el diagnóstico

Por su parte, Llombart ha advertido de la tasa de incidencia de la enfermedad: «Prácticamente 1 de cada 8 o 10 mujeres va a sufrir un cáncer. Eso quiere decir que alguna de las mujeres que está hoy pasando por esta plaza es portadora o va a sufrir un cáncer, eso es lo preocupante».

Por otra parte, el doctor ha celebrado la evolución en el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad, un avance que «ha cambiado radicalmente». «Lo que antes era una sentencia casi de muerte, hoy es una apertura de esperanza a que en el próximo futuro prácticamente vamos a controlar el cáncer».

Así, ha puesto de relieve una «postura positiva» como resultado de los avances en el campo de la oncología, que han conseguido que, en los estadios precoces de la enfermedad, «el 98% se cure, por no decir el 100%», según Llombart, quien ha mostrado su «esperanza» de que, en un futuro, la tasa de curación «llegue al 100% y el cáncer de mama ya sea historia».

Cáncer metastásico

Como parte de las demandas hacia este colectivo, la Asociación también ha puesto de manifiesto la necesidad de investigar en cáncer de mama metastásico. «Pese a que representa entre un 5 y un 6% de los casos, la supervivencia media está en torno al 25%. Se trata de un tipo de cáncer con mayor impacto no solo a nivel psicosocial sino también para el sistema sanitario», ha afirmado el vicepresidente.

Sobre esta problemática, un informe de la Asociación sitúa a este tumor como uno de los cánceres que más cuesta sufragar: en estadio metastásico, el costo asciende a 210.142 euros, cuantía que se distribuyen entre el sistema sanitario (55%) y las propias familias (45%).

"fue un jarro de agua fría"

Inmaculada Herrero, de 38 años, fue diagnosticada hace un año de cáncer de mama. Ella ha relatado a los medios de comunicación como, tras detectarse un bulto en un pecho y pedir una revisión, que se vio retrasada por la pandemia, una biopsia detectó el carácter cancerígeno. «Hablé con la cirujana y me dijeron que me tenían que extirpar un pecho, en ese momento fue un jarro de agua fría», ha explicado.

Herrero ha señalado los nervios y la incertidumbre durante el proceso de la enfermedad, en parte derivados por el temor a una evolución metastásica del cáncer. Un proceso que define como «duro y difícil», a pesar de que pone en valor la «ayuda» que le brindó la AECC.

Sobre la actuación del sistema sanitario, Herrero ha señalado un «déficit» en la «tardanza» en la realización de la mamografía, que ella solicitó en febrero y finalmente se la hicieron en septiembre. «Yo no sé mi cáncer hasta cuándo se podía haber detectado y cuándo se podía haber tratado». No obstante, Herrero valora la rapidez tras el diagnóstico: «Sí que es verdad que desde el momento del diagnóstico a la operación fue todo muy rápido».

Pendiente de una reconstrucción mamaria, Herrero admite las «secuelas» tras la vivencia de la enfermedad. «He tenido que vivir de un día para otro el no tener pecho», ha expresado, un problema que «repercute en la autoestima», aunque ha asegurado que «poco a poco te vas habituando, es llegar al espejo y pensar 'pues sí que me encuentro guapa'».