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En el siglo XVIII, todos lo que caminaban por la Rambla, así como la comunidad de las monjas teresas, podían saber la hora por el reloj de sol ubicado la fachada de la iglesia del monasterio. A partir de ayer, este reloj de sol vuelve a marcar el tiempo a la ciudad ya que ha sido restaurado y puesto en funcionamiento.

La rehabilitación de este elemento patrimonial tan característico de Mallorca se ha llevado a cabo durante el actual proceso de restauración del convento. Al mismo tiempo ha servido para poner en marcha un plan de recuperación de otros relojes en el que colaborarán ARCA y Patrimoni del Consell, como explicó ayer Gabriel Cerdà, director insular del citado departamento, aunque no quiso avanzar cuáles funcionarán de nuevo mediante este convenio.

Si bien ha sido la comunidad de las teresas la que ha sufragado la rehabilitación del reloj, dos técnicas de Patrimoni son las autoras del proyecto de restauración y los expertos de ARCA quienes elaboraron los cálculos matemáticos, en concreto lo hizo Miguel Àngel Hernando, para que volviese a marcar la hora.

Según explicaron ayer en rueda de prensa todos los implicados, «el reloj ya casi no se notaba», tanto las líneas como los números, incisos en la pared, estaban a punto de desaparecer. No obstante, como habían sido pintados con un material que llevaba hierro en su composición, su diseño pudo recuperarse «de noche y gracias a la luz ultravioleta», explicó la arquitecta Carme Julià. Antes, otro experto de ARCA, Juan Serra, había conseguido ver, un día de lluvia, «los restos de las líneas».

Este reloj, según apuntó García Hernando, es del tipo de los que están pegados a la pared y tiene una declinación de 11 grados al Este.