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Después de cinco años de obras, incluidas las de urgencia, el Casal Balaguer de Palma está a un brochazo de mostrar su renovado aspecto, más moderno y adaptado a las necesidades culturales de la ciudad. En cuestión de semanas se adjudicará la segunda fase, un proceso «puntilloso» que permitirá resolver cuestiones estéticas, como la adecuación de su fachada, y reformar escrupulosamente la planta noble. Será a partir de entonces, -se calcula que a mediados de 2015-, cuando el edificio vuelva a abrir sus puertas. Antes de que los trabajos se retomen, el regidor Fernando Gilet nos acompaña en una visita a las instalaciones. Cree que el Balaguer debe ser sede del arte moderno.

La primera fase ya ejecutada deja «un anexo, un espacio tipo mueble» junto al patio para actividades, cafetería-restaurante, nuevos accesos adaptados a la normativa y una planta superior con habitaciones espaciosas y cubierta totalmente rehabilitada. En adelante y para rematar la obra, Cort dispone de 2,7 millones de euros. «Nuestra preocupación política era garantizar que se terminará la rehabilitación», asegura Gilet, quien espera que a través de los fondos FEDER se pueda recuperar el 50% del coste de la obra y destinar ese dinero «a otros proyectos para la ciudad».

Durante el próximo año se realizará un importante trabajo de restauración. El grado de deterioro de la planta noble es destacable, se aprecia en las paredes, en los suelos, en los desgarrados tapices que visten algunas de las salas, en la carpintería o en su pequeña y recogida capilla. También pasará por el taller el piano. Paralelamente, se empezará a trabajar en el proyecto de usos del casal. El regidor opina que el contenedor de Balaguer deberá ser «el arte moderno, para completar lo que no tiene Palma». De esta forma, considera que «se da continuidad» con una línea temporal en la que ya operan el Museu de Mallorca, Es Baluard o el Solleric. Siguiendo esa idea, dice que el Balaguer debe ser uno de los puntos de ruta de un itinerario que invite a visitar otros bienes arquitectónicos de valor de Ciutat, como el edificio de Caixafòrum, el Solleric, Sa Llonja, Es Baluard... Son muchas las ideas que al respecto se han puesto sobre la mesa en los últimos años, pero Gilet cree que el Balaguer debe ser «un espacio para la Palma culta» en el que se puedan desarrollar actividades a todos los niveles, y «no sólo tenemos que hablar de artes plásticas, también de otras disciplinas».

En estos días se trabaja en la redacción definitiva de los pliegos del concurso de la fase que culminará el proyecto integral de rehabilitación. Gilet confía en que las obras puedan empezar en abril y que el Balaguer pueda presentar públicamente su nuevo aspecto renovado, y totalmente saneado, en un año.