El turismo ha muerto. Viva el turismo

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Así empieza el documento estratégico y de conclusiones que la ciudad de Copenhague publicó en 2017 bajó el título “El final del turismo como lo habíamos conocido”. Se despiden de los turistas del pasado, de los consumidores de masas y de los días transcurridos de segmentación desconectada entre negocios y ocio, entre ciudad y campo, entre cultura y ciclismo.

Se despiden de una era de turismo como burbuja en la industria de la cultura y el ocio, así como los días para equiparar el marketing turístico con una publicidad perfecta. Reconocen la defunción de su papel como máximo organismo de promoción de la ciudad y su derecho exclusivo para promover y dar forma a un destino.

Un documento de 23 páginas escrito en inglés de lectura obligatoria para los entes de promoción de nuestro entorno, donde comprobarán que cada vez son menos los que quieren ser identificados como turistas, ya que las nuevas generaciones de viajeros quieren ensuciarse las manos y sumergirse en el destino.

Donde se habla mucho del análisis imprescindible que hay que hacer de datos digitales que se toman en tiempo real y que aportan información precisa sobre lo que hay que corregir. Agilidad para cambiar y fallar rápidamente, que es lo que proporciona la economía digital para tomar decisiones.

Mucha co-creación, donde los organismos de promoción turística deben saber jugar su papel y en el que resulta interesante leer como detalle que insistir en poner el logo de la institución de turno o una marca oficial no es hacerlo bien, sino que la cosa funciona cuando la gente interactúa con el mensaje de marca y la vinculación con el destino.

Cuando se observa que los partners son capaces de crear valor con la marca, el destino entero sale ganando. Pero también el documento hace hincapié en los residentes que vivimos en el destino como figuras clave para que funcione el propósito de la marca, porque quien puede crear una conexión emocional no es un monumento sino una persona.

El turismo es una responsabilidad que nos involucra a todos, que debemos saber observar como residentes, pero también con ojos de turistas. Es todavía pronto para sacar conclusiones de la temporada 2018 porque acaba el 31 de octubre y en Menorca se ha vivido como una montaña rusa de informaciones contradictorias y sensaciones que habrá que analizar en frío, si la campaña electoral no lo acaba contaminando todo.