La situación en El Alto, una de las ciudades bolivianas más
castigadas por las revueltas sociales y la represión del Ejército,
es trágica. Margarita Juanico, de 65 años, religiosa trinitaria
menorquina que lleva trece años trabajando en Villa Ingenio, una de
las barriadas más pobres de El Alto, a 12 kilómetros de La Paz y a
una altitud de 4.200 metros sobre el nivel del mar, ha manifestado
desde la capital, donde permanece retenida por el corte de las
carreteras, que la situación en Villa Ingenio, donde diez personas
murieron el domingo por disparos de efectivos del Ejército y otras
cincuenta sufren heridas de bala, es de extrema gravedad.
«La Parroquia, los vecinos y Sofía -otra religiosa trinitaria-
presenciaron esos hechos y se sintieron impotentes ante lo que
estaba pasando». El bloqueo en las carreteras impide incluso el
acceso de médicos a la zona, y las emisoras de radio transmiten
angustiosas llamadas de auxilio de gente que tiene en sus casas a
heridos de bala. Los diez muertos están siendo velados en la
parroquia de Villa Ingenio 48 horas después, porque no hay ningún
médico forense que pueda certificar su muerte. Los hospitales no
dan abasto.
«Los motivos de estas revueltas han sido impedir la salida del
gas boliviano a Estados Unidos y el rechazo al tratado de libre
comercio, pero esto realmente es una explosión social frente a la
pobreza, la opresión, la marginación de los indígenas que viven
diferentes sectores bolivianos, especialmente los campesinos».
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