Le han llovido las críticas al presidente Donald Trump al desautorizar a su propio servicio de inteligencia ante la presencia de su oponente Vladimir Putin. | Efe

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La detención de una ciudadana rusa que supuestamente actuaba como agente ilegal del Kremlin en Washington sorprendió al presidente Donald Trump en plena cumbre con su homólogo ruso, Vladimir Putin, después de que la trama rusa sacudiera el pasado viernes el esperado encuentro en Helsinki.

Este lunes, Trump y Putin mantuvieron su primera cumbre bilateral en un contexto en el que las últimas imputaciones contra espías de Moscú en la investigación de la trama rusa hacían presagiar un clima de gran tensión entre los dos Gobiernos, un pronóstico que se vio frenado en seco por la imprevisibilidad del magnate.

«Me han dicho (las agencias de inteligencia) que creen que fue Rusia. Yo no veo ninguna razón por la que podría serlo (...) y el presidente Putin fue extremadamente fuerte y poderoso en su negativa de eso hoy», aseguró el mandatario, oponiéndose a las versiones ofrecidas por sus propias instituciones y compañeros de partido.

La coincidencia de tiempos, como ocurrió el viernes pasado, hizo que instantes después de que Trump y Putin ofrecieran una rueda de prensa conjunta, el Departamento de Justicia anunciara la detención e imputación de la presunta agente, Mariia Butina.

Según el relato de la acusación, Butina se encontraba en el país con un visado de estudiante pero realmente trabajaba para un alto funcionario del Kremlin sin haberlo notificado correctamente, lo que constituiría un delito de conspiración que puede conllevar una condena de hasta cinco años de prisión.

Butina había establecido lazos con personas, políticos y organizaciones estadounidenses en el país, entre ellas la influyente Asociación Nacional del Rifle (NRA), el principal grupo de presión de los derechos de posesión de armas y uno de los más importantes en la política del Partido Republicano, según documentos judiciales.

El objetivo de la agente ilegal era el de favorecer los intereses del Kremlin a través de sus acciones, primero en territorio ruso y luego en el estadounidense, en plenos preparativos electorales.

La imputación de Butina cayó sobre la negativa de Trump a reconocer a Rusia como autor de las supuestas injerencias en la campaña presidencial de la que él salió victorioso, dándole credibilidad a un Putin que lo negó por enésima vez.

Todo, después de que el fiscal especial de la trama rusa, Robert Mueller, duramente criticado por el magnate, registrara el viernes la imputación de doce agentes de Moscú por el hackeo contra Hillary Clinton, la rival electoral de Trump, para influir en los comicios de 2016 en favor del magnate.

La actitud de Trump, que ha mantenido un tono favorable a Putin durante el acto posterior a la reunión, fue contestada rápidamente desde distintos ámbitos de la política del país, que no entendieron las palabras del atípico presidente justo después de que sus instituciones constataran los intentos de interferencia del Kremlin.

Desde su propio partido, el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, emitió poco después un comunicado en el que ratificaba lo averiguado hasta la fecha.

«No hay duda de que Rusia interfirió en nuestras elecciones y que continúa con sus intentos por socavar la democracia aquí y en todo el mundo», destacó Ryan.

«Eso -continuó- no es solo el hallazgo de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos, sino también del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes. El presidente debe entender que Rusia no es nuestro aliado».

Más duro fue el líder de la oposición en el Senado, Chuck Schumer, quien ya había reclamado el viernes la anulación de la cumbre.

«En toda la historia de nuestro país, los estadounidenses nunca han visto a un presidente respaldar a un adversario de la misma forma en que Trump lo ha hecho con Putin», resaltó Schumer, quien tildó de «irresponsable, peligrosa y débil» la postura que el mandatario ha adoptado contra las agencias de inteligencia.

Desde la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense, el que fuera su director entre 2013 y 2017, John Brennan, consideró la actuación de hoy del presidente como «nada menos que una traición», ya que «supera el umbral de los 'crímenes graves y las faltas'», dijo en Twitter.

En octubre de 2016 y enero de 2017, los servicios de espionaje publicaron informes en los que apuntaban que Putin había ordenado influir en las elecciones mediante ciberataques porque sentía una «clara» preferencia por Trump, quien resultó elegido frente a la demócrata Clinton.

En este contexto, el FBI comenzó su propia investigación, que en mayo de 2017 acabó en manos del fiscal especial.