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La mayoría de los jóvenes de Balears se sienten felices, lo cual es una excelente noticia, aunque el estudio realizado por el Govern para saber cómo «respira» la juventud balear contiene muchos datos y, algunos, muy reveladores. Del conjunto de los resultados podemos deducir que los jóvenes de nuestro entorno han dejado de lado aquella faceta tradicional de la rebeldía y la lucha por ideales inalcanzables y han centrado su existencia en áreas más dominadas por el hedonismo y el disfrute de la vida placentera. Veamos: del total de 200.000 jóvenes, sólo 15.000 estudian en la universidad, la mayoría vive en casa de sus padres -no es de extrañar, con los precios de la vivienda-, casi la mitad ha fumado porros y un 13% ha probado la cocaína, se inician en las relaciones sexuales completas a los 16 años y el 26% practica asiduamente el «botellón». Todo ello nos indica cuáles pueden ser las preferencias de gran parte de la juventud en una sociedad que, precisamente, fomenta este tipo de comportamientos por encima de aficiones más culturales, deportivas o sociales.

De ahí que sólo el 16 por ciento de los jóvenes de las Islas sienta algún tipo de interés por los partidos políticos, que, a este paso, van a quedarse sin militancia a corto o medio plazo. Sabemos que las ideologías, grosso modo, se han ido a pique, que pocas personas siguen defendiendo a capa y espada aquello de la izquierda y la derecha, pero este pasotismo juvenil es, de cualquier forma, exagerado. Claro que, por otra parte, confían en las ONG, pero ¿no es eso síntoma de que han dejado por imposible la lucha por la justicia social y se conforman con la caridad?

No es fácil caminar contra los tiempos que corren, pero siguiendo por esta senda, nuestra sociedad será cada vez más frívola.