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La Audiencia Nacional comenzó ayer a juzgar al ex dirigente etarra Francisco Javier García Gaztelu, 'Txapote', y a su compañera Irantzu Gallastegi, 'Amaia', por el secuestro y asesinato del concejal del PP Miguel Angel Blanco, en julio de 1997.

En el juicio, los dos acusados, para quienes el fiscal pide 50 años de cárcel, mantuvieron una actitud de indiferencia y, tras acogerse a su derecho a no declarar, no dejaron de conversar entre ellos sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor.

Sólo mostraron interés por lo que pasaba fuera de la sala blindada, en la que comparecen los acusados de terrorismo, cuando fueron llevados ante el tribunal los presos etarras que declararon como testigos, a los que saludaron efusivamente con el puño en alto.

Tras la negativa de los dos acusados a prestar declaración, el fiscal y el abogado de la AVT les formularon sus preguntas, que evidentemente quedaron sin respuesta, acerca de lo acontecido alrededor del secuestro y asesinato del concejal del PP en Ermua (Vizcaya), el 12 de julio de 1997.

Posteriormente, les llegó el turno a los testigos y la primera en comparecer fue la madre del edil, Consuelo Garrido, quien, tras relatar que la última vez que vio a su hijo fue el 10 julio de 1997 cuando fue a comer a casa, explicó que el concejal «se llevaba bien con todo el mundo» y «sólo había tenido enfrentamientos con gente de HB, aunque no tomaba precauciones».

A preguntas del fiscal, quien renunció al testimonio del padre del edil por considerar «innecesario someter a esta víctima a un interrogatorio», Garrido aseguró que desde el asesinato de su hijo, ella y su marido están bajo tratamiento psicológico y «mi hija después de esto (el juicio) también».