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EMILIO LÓPEZ VERDÚ
Un joven de 21 años, Raúl Martín, fue condenado ayer a cuatro años y medio de cárcel por robar en una casa de Palma y provocar un incendio al día siguiente, con el fin de borrar las huellas del delito. El acusado organizó el robo junto con dos menores, uno de los cuales era hijo de los dueños de la casa. Así, el plan se organizó para la noche del 16 de mayo de 2003. Ese día, viernes, los inquilinos debían ir a una casa de campo que tenían en Sencelles, por lo que el robo debía ser sencillo. Así, los tres ladrones llegaron a la finca, y con dos destornilladores rompieron dos cerraduras y forzaron la puerta de entrada haciendo palanca. Una vez dentro, se apoderaron de 150 euros, una cámara de fotos y un violín.

Sin embargo, los ladrones debieron pensar que habían cometido un error y decidieron volver al lugar del delito al día siguiente, con la intención de «causar desperfectos y borrar cualquier huella del robo provocando un incendio en la vivienda», según afirmaba el propio fiscal en su escrito de acusación.

Alrededor de la medianoche del sábado, volvieron a entrar en la finca, desordenaron muebles y enseres y los rociaron con líquido inflamable. Acto seguido, les prendieron fuego con varios mecheros y huyeron del lugar.

El fuego prendió rápidamente y provocó dos explosiones en la casa. Los cerca de 40 vecinos que se hallaban en la finca, de siete pisos, desalojaron el edificio en medio de una gran humareda, aunque el suceso no provocó heridos.

En total, se produjeron desperfectos por valor de unos 19.000 euros. Por ello, además de la pena de prisión, la Sección Primera de la Audiencia Provincial ha condenado al joven a pagar 12.000 euros de indemnización, dejando al propietario de la vivienda afectada la posibilidad de emprender acciones civiles para obtener el resto del dinero.