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EMILIO LÓPEZ VERDÚ
Los turistas británicos con antecedentes por tráfico de drogas o actos violentos que se desplacen a Balears serán controlados por la policía británica y española. El control se realizará ya desde el país de origen, mediante el envío de fichas e información sobre las personas conflictivas. Una vez lleguen a la Isla, los cuerpos de seguridad españoles realizará un controles seguimientos especiales de estos turistas.

Esta fue la principal conclusión del encuentro que mantuvieron ayer el delegado de Gobierno, Ramon Socías, y el cónsul británico en las Islas, Paul Abrey, y que contó con la presencia de representantes del CNP y Guardia Civil.

Además del envío de datos, Socías no descartó que en el futuro puedan llegar agentes británicos a Balears para colaborar con sus homólogos españoles. De hecho, para algunos casos específicos ya se ha producido la llegada puntual de policías británicos.

El delegado negó que esta colaboración pueda coartar la libertad de movimientos de los turistas, y puso como ejemplo el seguimiento que ya se suele hacer a los seguidores de los equipos de fútbol cuando se desplazan a España.

Socías también subrayó la importancia de esta colaboración para poner fin a nuevos comportamientos delictivos. Como ejemplo, explicó que desde hace varios años se ha detectado a «camellos» que viajan a Eivissa y se pagan las vacaciones vendiendo éxtasis a las puertas de las discotecas.

La reunión se produce en parte por los incidentes recientes en Punta Ballena (Magaluf), donde una pelea por la venta de éxtasis acabó con un turista acuchillado, y en Sant Antoni (Eivissa), donde un tiroteo entre bandas de 'narcos' británicas se saldó con tres heridos, uno de ellos grave.

De hecho, Socías aseguró ayer que «no vamos a consentir que Eivissa se convierta en la puerta de entrada de la droga en Europa». A este respecto, insistió en la necesidad de «borrar la idea de que la droga sea un elemento de atracción para el turismo en esta isla».

También insistió en «no demonizar» al colectivo de turistas británicos, señalando que todos ellos «son bienvenidos», aunque de forma excepcional varios conflictos han tenido como protagonistas a turistas de esta nacionalidad.

Por su parte, el cónsul Paul Abrey se mostró «muy preocupado por esta escalada de violencia» detectada en los últimos días y destacó la necesidad de aumentar la colaboración con las autoridades españolas.