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«¡Mamá, mamá! Yo cuando sea mayor quiero ser policía o bombero... no, no, mejor médico de una ambulancia. ¿Me dejarás?». Éstas eran las palabras que un niño, de unos cinco o seis años, gritaba a su madre mientras contemplaba, con gran detenimiento, la exhibición que estaban realizando los diferentes cuerpos de emergencia.

Ayer, grandes y pequeños, con motivo de las Fires d'Inca, tuvieron la oportunidad de convertirse en bomberos, policías, médicos, soldados y miembros de protección civil por un día.

A las 10 de la mañana se inició la primera diada de cuerpos de emergencia de Balears.
En la misma, participaron: Bombers de Mallorca, Protecció Civil, Cuerpo Nacional de Policía, Cruz Roja, ambulancias SSG, Servicios Socio-Sanitarios Generales, Policía Local, SAR, Escuadrón 801 de rescate, Ibanat y la Direcció General d'Emergències 112.

Bajo la organización de la agrupación de Protección Civil de Inca, más de 200 integrantes de los diferentes organismos oficiales de emergencia de las Balears participaron activamente en las diferentes actividades.

La espectacularidad del humo, el fuego, la calor, los trajes, las potentes sirenas y la humanidad de los profesionales supieron cautivar la atención de los miles de visitantes que acudieron a la fira, especialmente a los niños.

Gina y House se convirtieron en dos de los principales protagonistas de la fiesta. Su éxito y 'sex-appeal' acapararon la mayoría de las fotografías, y todo el mundo quería hacerse una foto con ellos. No tienen nada de especial. Son simplemente dos perros, pero, eso sí, son agentes de policía y tienen licencia para detectar explosivos.

Perros
El Cuerpo Nacional de Policía desplazó a la capital des Raiguer a dos de sus unidades más significativas. La primera de ellas, la Unidad Canina de la Policía Nacional, presidida por dos hermosos ejemplares de pastor alemán: Gina y House. La segunda, la Unidad de Sub-Suelo, una sección de suma importancia en la seguridad de los ciudadanos.

Los Bombers de Mallorca fueron uno de los cuerpos más aclamados. Latas de fuego, bombonas de butano en llamas, espuma, botes de humo, y la posibilidad de que todos los niños que así lo quisieran pudieran vestirse de bombero y apagar un fuego de verdad. La edad no era obstáculo, lo único que era imprescindible es la ilusión de que los sueños se hacen realidad.